jueves, 18 de marzo de 2021

OSTARA: el equinocio de Primavera y el origen de la Pascua. (La Valencia pagana # 4)

Icono de Ostara en el jardín.
Fotografía: I. Balensiya

La promesa de la primavera ha llegado. Atrás han quedado los fríos días de la época de Yule, cuando el frío nos helaba nuestros rostros y hacía que no sintiéramos las manos, cuando el sol caía a las pocas horas de levantarse y las hierbas del jardín estaban sumisas en un letargo invernal bajo tierra. Las ramas de los árboles eran como esqueletos que se extendían hacía el cielo buscando un poco de calidez de ese lánguido sol.

Atrás quedaron los árboles desnudos.
Fotografía: I. Balensiya

Un invierno que nos dio algo de lluvia, humedeciendo las semillas que empezaban a desperezarse en las profundidades terrestres en los días de Imbolc. Ahora ya despiertas, surgen de bajo tierra para brotar con fuerza a la vida que nos trae Ostara.

Brotes de semillas en una maceta.
Fotografía: I. Balensiya.

Ostara, la hermosa diosa que trae el perfume de un millar de flores ha salido de su sueño, y poco a poco, va cubriendo la tierra de hierba y flores, como una alfombra, a cada paso que da. Junto a ella le acompaña el joven dios que nació el día del Sol Invictus, en el 25 de diciembre. Su alma intranquila corre por los campos, su corazón y sangre alterada por su juventud incita a los animales a reproducirse. Su dicha es plena, pues el dios sol tiene energía suficiente para alcanzar lo más alto del firmamento. Sobre nuestras cabezas está el cenit, los días y las noches tienen las mismas horas, nos encontramos en el equinoccio de primavera.

Representación de la diosa Ostara. 

El gran huevo cósmico está apunto de eclosionar para traernos la vida en su estado más pletórico a todos nosotros. Es tiempo de renovación y florecimiento. 

Algunas de las flores que cultivo en mi casa.
Fotografía: I. Balensiya. 

Ahora es preguntaréis ¿Quién o qué es Ostara exactamente? Ostara es el nombre que da la cultura pagana al equinoccio de primavera, según recogió el monje benedictino Beda el Venerable en el siglo VIII. En sus escritos dice que los pueblos célticos de Inglaterra llamaban al mes de abril Eosturmonath en honor a una deidad femenina llamada Eostre de la cual derivaría en época cristiana la palabra Easter -Pascua-. De ahí que la Pascua se celebre en está época, ya que la iglesia en sus inicios de cristianizar Europa y eliminar sus antiguas costumbres paganas, estableció en el Concilio de Nicea (325) que la Pascua se celebraría el primer domingo después de la primera luna llena tras el 20 de marzo -equinoccio de primavera- por eso cada año la Pascua cambia de fecha y de ahí también la confusión y difuso origen de la fiesta de la primavera, fiesta que se veneraba a la diosa Eostre u Ostara, deidad de la fertilidad y cuyo nombre significa “brillante”.

Vela con flores y cuarzo rosa.
Representación de la celebración  agraria
de la llegada de la luz, las flores y el buen tiempo.

Son muchas las culturas de este mundo y a lo largo del tiempo que han celebrado el equinoccio de la primavera, pues en los orígenes la gente tenía una vida agrícola y sus vidas estaban marcadas por la Rueda de las Estaciones, siendo esta fecha un punto clave, pues las semillas que habían plantado en sus tierras empezaban a crecer y hacían fiestas para celebrar y dar gracias a sus dioses de proveerles de las cosechas y el forraje que luego serviría para alimentarlos a ellos y a los animales de los cuales luego se alimentarían o ayudarían en sus actividades agrícolas o les proporcionarían leche o lana.

Nuestros antepasados celebrarían esta festividad con alegría, pues podrían hacerlo fuera de sus hogares en las plazas o en el campo con familiares, amigos y vecinos, pues el sol, el clima y el ambiente invitaba a salir del refugio caliente de la casa. Los días ahora serían más largos y tenían que alimentarse bien para coger fuerzas para poder trabajar en el campo y uno de los alimentos que más proteínas les proporcionan eran los huevos. Después de un frio invierno comiendo salazones y carnes secas, las aves ahora ponían huevos  para reproducirse, de los cuales las personas tomaban algunos para comer hasta que llegara la temporada de caza.

El huevo era un símbolo claro de fertilidad y es por eso que se lo asoció a la diosa Ostara, la portadora de la fertilidad. Dada la importancia de este alimento la gente empezó a regalarlos a sus seres queridos para que se alimentaran bien.

Los primero huevos de la primavera.

Con la llegada del cristianismo la iglesia prohibió el consumo de estos huevos durante la Pascua, porque los consideraban carne. Por eso nuestros antepasados medievales los cocían para conservarlos y pintaban sus cascaras para decorarlos. Los guardaban durante unos días para poderlos comer el día de Resurrección, dándole el significado cristiano al huevo de la resurrección de la vida. Pues este se rompía para traer al mundo un ser vivo. Al igual que Cristo surgió de su tumba a la vida.

Aunque el origen del huevo no solo procede de ser un alimento lleno de proteínas, sino de un rito ancestral de la antigua babilonia, dónde existía una diosa llamada Astarté a la cual le ofrendaban huevos decorados como tributo de esa fertilidad tan ansiada. 

Representación de un huevo decorado
para ofrendarlo a la primavera. 

Si buscamos un poco más en el pasado, en Grecia tenían una diosa llamada Eos que traía el amanecer, el resurgir del sol. Por lo tanto, no es descabellado pensar que en la cuenca del Mediterráneo donde surgió la vida en la antigua Mesopotamia y Babilonia se extendiera por todas las costas de ese mar y así se fuera expandiendo poco a poco por Europa, este rito primero por los pueblos nómadas, luego por los conquistadores, comerciantes y viajeros.  Como consecuencia que Ostara no sea mas que una mezcla de estas antiguas costumbres de ofrendas y significados divinos que tenían las antiguas diosas Astarté y Eos, evolucionando a nosotros como la actual festividad de Ostara. 


Representación moderna de Ostara. 

Entendido el origen del porque del huevo, es momento de hablar del conejo. El famoso Conejo de Pascua de nuestra infancia está relacionado con esta fiesta prácticamente por mismo motivo que el huevo. Este animal tiene gran capacidad de reproducción o lo que es lo mismo, es un animal muy fértil. Por eso el pueblo de Babilonia lo asoció a la diosa Astarté como animal simbólico junto a la ofrenda de los huevos.

La antigua diosa junto al conejo.

                                                

El tiempo borró las palabras, pero en la mente del Hombre quedó grabado la época de aquel remoto tiempo donde los huevos decorados y la figura de un conejo estaban asociados, no sabía el porqué, pero si el hecho de que ambos iban juntos. Y cuando este Hombre con los siglos se hizo cristiano mantuvo la tradición de los huevos decorados y cuando sus hijos preguntaron el porque de los huevos de colores, el Hombre al no saber que contestar se inventó la leyenda de que hacía muchos años, una mujer pobre para entretener a sus hijos y al no tener dulces que darles, coció unos huevos, los pintó de colores y los escondió alrededor de su casa entre unas plantas, para que sus hijos jugaran a encontrarlos y se olvidaran por un rato de sus penurias y al ir en su búsqueda los niños hallaron cerca de los huevos un hermoso conejo blanco, y los pequeños creyeron que era el conejo quien había puesto los huevos decorados. De ahí la tradición del Conejo de Pascua que nos han contado en nuestra infancia.

La ilusión de los niños con el conejo y los huevos de chocolate.
Fotografía: I. Balensiya


En el olvido se quedó la diosa, su animal totémico y la ofrenda de huevos. Ya no se pensaba en la fertilidad de los campos y en agradecerlo a los dioses, pues solo existía Jesucristo y una rara costumbre de comer huevos decorados en la Pascua de Resurrección.

Aunque nosotros los valencianos, en la actualidad no solo comemos estos días huevos de colores, sino también longanizas de Pascua, Panquemao, Cocas de pasas y nueces y como no Monas de Pascua y mucho chocolate. 

La mesa de mi casa la Pascua pasada.
Fotografía: I. Balensiya. 

Jesucristo ha resucitado y con él vuelve el sol, la luz y la vida. El resurgir de lo muerto, la Resurrección del Señor. Pues Jesucristo no es más que la nueva versión de aquel dios solar que trae lo verde, la esperanza y la vida a la tierra y por el Hombre está dichoso. Celebra el reinicio de la vida en el campo y en el taller después de un prolongado tiempo de frío y oscuridad. La promesa de la primavera ha llegado y la tierra está preparada para dar sus frutos.

Higuera en el campo, las yemas se abren
surgiendo las primeras hojas y los higos
comienzan a hincharse.
Fotografía: I. Balensiya.

Callejero aparte de celebrar la Pascua -si eres cristiano- te invito a celebrar Ostara como hacían tus antepasados en la antigüedad.

Para ello, es tan simple como el día 20 de marzo vestirte de verde, color del renacimiento y la esperanza. Tomar unos huevos y pintarlos con tus hijos, regalarlos a tus seres queridos o comerlos en familia. También salir al campo a disfrutar del sol, del calorcito y agradecerle a la Naturaleza el regalo que te brinda y darle las gracias llevando contigo una bolsa y recoger algunas basuras del campo, a cambio toma algunas flores para adornar tu hogar.

Si te apetece hacer un pequeño ritual pagano, puedes replantar algún árbol en el monte cercano a tu hogar. Sino puedes también sembrar algunas semillas en tu casa mientras que recitas la oración de Ostara.

Mezcla de semillas de flores de verano.
Fotografía: I. Balensiya. 

Ostara, te has librado de este frio invernal.
Ahora llega el verde, tu fragancia de las flores
flota en el ambiente.

Este es tu comienzo.

La vida se renueva por tu mano
diosa de la fertilidad.

Camino por la tierra como tu amigo/a
nunca como tu dueño/a

¡Oh diosa! Que dentro de mi despierte
a través de esta (planta o semillas) que te ofrendo,
el amor por todo lo viviente.
Enséñame a reverencia la Tierra y
todos sus tesoros y que nunca lo olvide
¡Qué así Sea!

 

Callejero que tengas una feliz Pascua y Equinoccio de Primavera. Que tus dioses te bendigan.

 

El tótem de la diosa Ostara en el jardín de mi casa.
Fotografía: I. Balensiya. 

 



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