martes, 28 de septiembre de 2021

A Valencia le crece lo verde (Turianova#3)




Un nuevo proyecto aparece para mejorar la imagen de Valencia, esta vez de forma natural. Se trata de un corredor verde de 14 km que unirá el Parc del Turia y el de l´Albufera.

Un camino verde de 14 kilómetros conectará en el futuro los dos parques naturales. Dicha conexión se realizará por el Parque de Cabecera con dos intervenciones principales: Al noroeste con un bosque metropolitano desde el Parc Natural del Turia hasta los jardines del viejo lecho del río.

En el otro extremo, al sureste, se acometerán obras de restauración en el parque de desembocadura hasta los Poblats Marítims y de ahí hasta la Albufera.

Este maravillo proyecto implica una inversión de treinta millones de euros para limpiar y acondicionar las zonas y replantado de arbolado. Un proyecto del cual se beneficiará: Paterna, Quart de Poblet, Mislata y Valencia.

Esta propuesta se ha presentado a los fondos de Next Generation de la Unión Europea. Con el pretexto de que Valencia puede convertirse en un referente europeo a la adaptación al cambio climático y armonizar con la naturaleza en un entorno urbano y periurbano.

Los objetivos serán los siguientes:

-        El bosque metropolitano. Restauración ecológica del antiguo vertedero con las obras del nuevo cauce. Este bosque contará con un eje peatonal y ciclista de 2.7 kilómetros. Además, recuperar los restos de los azudes de Favara y Rascanya y la antigua red de acequias.

-        El parque de desembocadura. Un corredor ciclista y peatonal hasta la Punta y Pinedo. En este punto comprenderá de las actuaciones del Plan Especial de la zona sur del Puerto de Valencia y el plan Especial del ZAL del Puerto, aprobado por la Conselleria de Política  Territorial en 2018.

Estos trabajos podrían ser realizados al mismo tiempo, o por separado dependiendo de la tramitación de los proyectos.

Todo este proyecto es para recuperar el entorno verde del curso del rio Turia y combatir los efectos del cambio climático. 14 km de longitud, 59 hectáreas de verde y 1,65 millones de personas beneficiadas.


domingo, 19 de septiembre de 2021

MABON: de la segunda cosecha a San Miguel y las manzanas. (La Valencia pagana # 8)

Ha llegado ya el equinoccio de Otoño.
Fotografía: I. Balensiya

La rueda ha dado el último giro. Estamos a 21 de septiembre, ha llegado por fin Mabon, el equinoccio de otoño.

Es la fiesta de la segunda cosecha, pues, aunque se empezó a recoger en agosto, es ahora cuando se terminan de recoger los frutos maduros y los cereales, hasta el 31 de octubre, porque los frutos que queden ese día sin recolectar pertenecen a los espíritus.

Los agricultores agradecen, una vez más, a los dioses por la buena cosecha y hacen ofrendas para la que está por llegar. Esta vez la fiesta ya no tiene carácter religioso, sino popular, pues las gentes celebran que acabaron las duras jornadas del campo. Esto es el origen de muchas fiestas populares de nuestros pueblos que se celebren en septiembre.

El nombre de la fiesta de Mabon es moderno. Se puso siglos después, cuando se hizo una reinterpretación de los restos hallados del Calendario de Coligny y se recompuso esta fiesta en el llamado calendario pagano.

Se utilizó el nombre de Madron, deidad celta del otoño. En el calendario celta los meses no comienzan como los nuestros, sino que se mueven con la luna, empezando en la primera luna llena. Se sabe que la parte de finales de agosto a principios de septiembre se llamaba Edrinios “Tiempo de Sentencias” y la parte de septiembre a octubre Cantlos “Tiempo de Cantos” Esto era así porque al recoger la cosecha muchos cantaban ya para hacer el trabajo más llevadero, o bien marcar con el ritmo de la canción, el movimiento repetitivo de la siega para ir todos a una.

Hombre segando el campo.

Explicado el origen del supuesto nombre de esta fiesta, es momento de hablar de esta época. Para los celtas los lugares liminales tenían mucha magia. Estos sitios eran esos puntos en los que acaba algo y comienza algo más: El amanecer, el anochecer, la orilla de arena y el mar un lugar donde dos mundos se conectan. Lo mismo ocurre con los equinoccios pues está en mitad de dos estaciones.

Septiembre era conocido por algunos pueblos paganos de la antigüedad como Haligmonath “mes sagrado” pues obtenían gracias a los dioses y de su trabajo la comida para todo el año. Septiembre es un mes mágico. Éste marca el equilibrio de las sombras y la luz, los dos hemisferios se igualan. Empezamos a estar regidos por Libra, el equilibrio. Las energías de ambos mundos, tangible e intangible, se unen y eso lo podemos sentir nosotros, los mortales. Se trata de ese hormigueo, de esa especie de quemazón que sentimos estos días previos al equinoccio. Una sensación que interpretamos como nervios, pues comenzábamos el colegio, la emoción de un nuevo curso, estrenar materiales y más tarde, la sensación de esos últimos días antes de regresar a la rutina del trabajo. Este hormigueo es similar a cuando traspasas esa cortina de tiras o cuerdas en casa de los abuelos o de tus tíos del pueblo, que sientes como acarician todo tu cuerpo. Pero esta vez no es nailon o cáñamo, sino el velo de la oscuridad que se aproxima y se pone en guardia nuestro yo más salvaje, ese instinto primitivo muy olvidado dentro de ti. La oscuridad ha ganado la batalla y el verano en el que aún seguimos pensando ha llegado a su fin.

Aunque el otoño astronómico y meteorológico llegue hoy, como indica el calendario, tal vez, por la altitud donde vivas o el pueblo donde habites, no sientas que ya es otoño. Callejero, quizás, para ti el otoño comience el 1 de septiembre con “la vuelta al cole” o cuando pruebas las primeras uvas o contemplas las primeras hojas secas en los árboles de tu campo, jardín o parque más cercano. El otoño se siente y se disfruta, pues es un momento mágico. El más especial del año y, sobre todo, el más importante, ya que nos preparamos para ir de funeral, a una muerte energética.

El dios celta del Sol. Hombre de cabellos rubios y dotado
con una lanza. Recuerda a la imagen de San Miguel Arcángel 

El Dios Sol que nació en Yule está en las últimas, poco a poco se va debilitando para morir en Samhain. La oscuridad ha vencido y el Dios maduro se prepara para morir y volver a renacer. Por eso mira hacia atrás, recordando los días de su juventud en verano y durante unos pocos días vuelve hacer calor – el veranillo de San Miguel – se trata de la mejoría que tienen los difuntos antes de morir.

Pero el Dios Sol volverá a la vida, pues es inmortal. Ahora, en este tiempo de luto, tenemos que descansar de la ardua tarea del campo. Al igual que el Dios Sol miramos hacia atrás, reflexionamos sobre los esfuerzos del pasado y juntamos las semillas que contienen la promesa de la nueva vida en primavera. El misterio de la vida en la muerte. En esta época, los celtas escogían a sus nuevos, porque para ellos la muerte no existía, pues creían en la inmortalidad del alma y que ésta se traspasaba de cuerpo en cuerpo. El señor del clan moría simbólicamente y renacía de nuevo tras estar en comunión con la deidad de la soberanía de la tierra, que no era otra que Epona, señora de los caballos. El señor debía unirse, ser uno con la diosa equina y para ello se bañaba con su sangre y comía carne de caballo. Este ritual era un dogma de fe, similar a la transubstanciación del pan y el vino: el cuerpo y la sangre de Cristo.

 La diosa Epona, señora de los caballos.

No solo existían eventos con la figura del caballo como protagonista, sino también rendían culto a Pomona, diosa de las manzanas y el otoño.  Con el equinoccio comenzaba la época oscura y la recogida de las manzanas, el tiempo de los espíritus se acercaba y tendría su momento álgido en la noche de difuntos. El pueblo pagano veneraba al manzano como árbol sagrado y sus manzanas eran símbolo de perfección e inmortalidad, además de un valioso amuleto de protección y alimentos especial para aquellos que nos abandonaron.

La mágica manzana protagonista de tantas historias.
Con una de ellas se podían pedir deseos, de una forma tan sencilla como esta: Con un palillo escribir la petición en la manzana, después empiezas a comerla a mordiscos en dirección horaria. Cada bocado con fuerza que des, le dará mayor poder al deseo, cuando acabes, tu petición estará en camino. Los restos de la manzana tienes que enterrarlos en el campo o parque para la fuerza de la tierra en el ritual.

Si se corta una manzana horizontalmente, hallamos la estrella de cinco puntas, talismán de protección contra las brujas y los rituales. También se ofrendan a los seres queridos que han muerto, pues les alimenta e hidrata para fortalecer sus almas.

Nuestros antepasados paganos para asegurarse de que la relación de amor duraría para siempre, la noche del equinoccio o la de difuntos, tomaban una hermosa manzana, la partían en dos y cada amante comía una parte, convencidos de que sus almas siempre estarían unidas para toda la eternidad. 

El anochecer en el mar de Galicia.
Fotografía: Santiago Soler Seguí.

Esta época del año, también, era conocida como Alban elfel “luz del agua” porque la Rueda del Año sitúa el equinoccio al oeste, donde acaba el día y si en España miramos hacia esta dirección nos encontramos con el agua del océano Atlántico. Para la cultura celta, el agua era un elemento que podía llevarlos a otro mundo. Este momento liminal del anochecer y por añadidura el horizonte por donde moría el sol, hacía que se viera “la luz del agua”. Por eso, los celtas creían que al cruzar el mar hacía donde se ponía el sol y moría su dios, se encontraba el Mundo de los Muertos. De ahí su costumbre de los barcos fúnebres.

Con la llegada del cristianismo todo esto cambió. La iglesia medieval cambió Mabon por el nombre de Michaelmas, la fiesta de San Miguel Arcángel, una figura cristiana muy popular en estas fechas en diversas localidades a la que se le honraba. Este santo no solo fue escogido para ocultar la deidad pagana de Lugh, el guerrero invencible, portador de la lanza de luz y protector del Mal, sino también porque, San Miguel, es un ser psicopompo que ayuda a las almas de los difuntos a llegar al otro mundo.

Mi altar a San Miguel decorado para la ocasión
Fotografía: I. Balensiya 

Ahora bien, la celebración del equinoccio era algo muy sencillo. Solo llevaban ofrendas al altar de Lugh – o San Miguel – se hacían panes con mezcla de cereales y semillas. También se celebraba una fiesta por la vendimia, tradición que aún se conserva en las poblaciones donde es común el cultivo de la vid. 
Es tiempo de cosecha, nos conectamos con la tierra. El equinoccio es el momento de recoger la abundancia de la tierra y resguardarse en la madriguera. Se celebra la tierra y sus dones.

Centro de mesa hecho con ramas y semillas recogidas por el campo.
Fotografía: I. Balensiya. 

Para celebrarlo, podemos ir a un paraje valenciano, como la Sierra de la Calderona, o algún monte próximo disfrutando de los últimos días de buen tiempo. Podemos comer moras salvajes o recoger, siempre con permiso de la Naturaleza, trozos de ramas, cortezas, semillas, piñas, hojas secas… para decorar nuestros hogares con centros o guirnaldas.

Ejemplo de guirnalda que podemos poner en nuestro hogares.
Fotografía: I. Balensiya. 

También, podemos comer hogazas de pan de semillas, uvas, manzanas, peras, nueces, setas. Preparar pasteles o recetas con estos ingredientes. Incluso, podemos hacernos una infusión de salvia para limpiarnos y despojarnos de energías negativas, o hacernos un baño con tomillo para crear una barrera protectora para el cuerpo y vestirnos con los colores de la tierra: marrones, dorado, naranja, rojos oscuros y lucir joyas de ámbar, ojo de tigre…


Alimentos que podemos comer estos días
Fotografía: I. Balensiya. 
Pero, sobre todo, meditar.

Meditar sobre la vida y la muerte. Piensa en tus actos, en como solucionar tus problemas. Reflexiona y escoge las mejores semillas para alimentar tu alma.

Rodéate de velas que te den calor para meditar.
Fotografía: I. Balensiya. 

Antiguamente se escogían las semillas para comer y las de guardar para la próxima siembra. Hoy esas semillas son metafóricas. Debes elegir cuales quedarte para alimentar tu alma, tu familia y cuales, para plantar, para crecer en el trabajo o desarrollar es proyecto tan importante que tienes en mente. Pero también, tendrás que saber escogerlas bien, porque hay algunas malas, de las cuales nunca crece nada o son malas hierbas que debes eliminar de tu vida y tu camino. Haz como los árboles, desecha cosas, haz limpieza en tu hogar, en tu cuerpo ¡incluso en tus contactos de las redes sociales! Tira las hojas secas, déjalas que se las lleve el viento muy lejos de ti.

Prepárate para descansar, guarda tu energía vital, porque hay menos luz solar. El verano ha sido un no parar, como un coche por una autopista a 120 km/h y ahora tenemos que ir reduciendo la velocidad para entrar en el área de servicio a descansar y repostar. Ves frenando, porque la Rueda del Año, se para aquí.

 

Es momento de detenerse. 
¡Feliz Equinoccio de Otoño! 

 

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Valentia, el plano de la ciudad romana. (El plano de Valencia#1)

 

La ciudad con un puerto fluvial y el circo romano. En el centro el forum. 

En el año 138 a.C, siendo cónsul romano Décimo Junio Bruto repartió unas tierras a los valientes soldados que se habían licenciado de las guerras lusitanas. Ese primer asentamiento se saben algunas cosas de él, dado a que los arqueólogos valencianos han hallado restos de un antiguo campamento.

Valentia fue rápidamente prosperando y acuñó hasta su propia moneda. Pero tuvo la desgracia de ser destruida en el año 75 a.C debido a la guerra entre Sertorio y Pompeyo. Una contienda bastante sangrienta por los restos que se han ido descubriendo en las excavaciones arqueológicas por el corazón de la ciudad.

Nuestra recién nacida ciudad, quedó abandonada durante cincuenta años. Con el tiempo y ya entrados en el siglo I d.C. Valentia se había recuperado y volvió a prosperar con nuevos habitantes romanos, edificación de lugares como el foro o el circo. Junto al importante puerto fluvial.

En el siglo III, al igual que el resto del Imperio Romano, Valentia sufrió una crisis que la llevó a la decadencia, empequeñeciéndose poco a poco, pues los habitantes abandonaban la urbe y se iban concentrando en su centro los que quedaban, a fin de poder protegerse. Esa fue la Valencia protocristiana, la que vivió, muy a su pesar, San Vicente acabando torturado en sus calles en el año 304.

No sería hasta el siglo IV, con las primeras invasiones de los pueblos germánicos y con el vacío de la administración imperial. La iglesia asumió el poder de la ciudad y los edificios paganos empezaron a reutilizarse como templos cristianos.

Con la llegada del obispo Justiniano, Valentia experimentó una recuperación. La invasión bizantina del sudeste de España en 554, tuvo un valor estratégico dónde se ubicaron militares visigodos fortificando el antiguo circo romano.

Con la marcha de los bizantinos, Valentia se sumió en una etapa oscura, de la que apenas existe documentación.