sábado, 28 de marzo de 2020

La Calle de Cabillers (Calles de Valencia#10)





CIUTAT VELLA
La Seu

Entre las callejas del corazón de Valencia hay una de ellas que comunica a la plaza de la Reina con la calle de Avellanas. Ese trazado tiene un nombre un tanto peculiar: de Cabillers. 


Ubicación en el plano de la calle.
Rotulación: Isabel Balensiya 
Este nombre, se piensa que, es una versión castellanizada de su nombre primitivo  de cabelleres, y de éste pasó al castellano antiguo: de cabilleros y de ahí al valenciano actual: de cabillers.

Esta denominación se debe a que en la estrecha calle tenían su local personas dedicadas al gremio de peluquería. Además, también gente encargada de aliñar y componer peinados, rizar los cabellos y crear pelucas. 

Desde tiempos muy antiguos estuvieron ubicados en esta vía, llegando su negocio a la cumbre entrado el siglo XVIII - durante el reinado de Felípe V - cuando se puso de moda, entre la gente de postín, unas pelucas de elaboradísimos bucles y adornos imposibles y cargados de fantasía. 



Grabado de la época donde se muestra una sesión de peluquería,
una escena humorística de aquel siglo. 

Las mujeres gustaban de presumir complicados peinados, con muchas horas de trabajo y adornos. Era una época donde el cabello se lavaba una o dos veces al año, y los polvos y los perfumes eran aplicados para espantar a los chinches y piojos que anidaban en esos grandiosos vestidos y pelucas. 

Los peluqueros valencianos de Cabillers serían por entonces como maestros falleros, construyendo con ingenio y gracia estructuras en las cabezas de las señoras, gastandolas incluso  para ocultar ciertos objetos. Podemos encontrar en libros diversos grabados de la época.


Un estilo muy apreciado en el época el tocado en forma de barco
junto a otro de lazos, plumas y perlas. 

Aunque exagerada en la imagen, era cierto
que las usaban para contrabando,
como la dama detenida en el grabado.
                                         
No solo era para las damas de la alta sociedad, sino también a esta calle acudían imagineros y gente de la iglesia a encargar pelucas para las imágenes religiosas de las procesiones de Semana Santa o hasta incluso para la Mare de Déu dels Desamparats.



Un ejemplo actual, no muy distante de lo
que podríamos haber visto en aquella época.

Ya fueran pelucas para la Virgen, para Cristo o para uno mismo, lo cierto era que la Calle de Cabillers fue un lugar a donde muchos valencianos fueron en "peregrinación" en busca de una especie de Santo Grial, que solucionara milagrosamente cualquier problema capilar que tuvieran, fuera cual fuera su índole y que en la actualidad solo podremos encontrar en el Museo del Santo Grial. 


Museo del Grial
Fotografía: Isabel Balensiya.

Pero esta calle de edificios señoriales, de principios del siglo XX, no solo tuvo un pasado peluquero, sino que allí residió, hasta que la Oscura Señor se lo llevó consigo para toda la eternidad, el insigne poeta Ausiàs March, como bien lo recuerda una placa de mármol en la fachada de uno de los edificios. 

Vista nocturna de la calle de Cabillers.
A la izquierda la casa donde murió el poeta.
Fotografía: Isabel Balensiya.


Callejero es momento de salir de esta calle, mientras en nuestra mente aún resuenan los versos del poeta Vicente Andrés Estellés que le dedicó a la calle y a este poeta...

Ací estigué la casa on visqué Ausiàs March.
D´aci el tragueren, mort, amb els peus per davant,
envers la catedral. Carrer de Cabillers,
la Plaça de l´Almoina. Pense els darrer anys
dels poetes local, de l´Horta de València.

Jo sóc aques que em dic... Es colpejava el pit
el puny com una pedra, insistint foscament.
I se´n tornava a casa, irritat, en silenci,
barralant l´epigrama ple de dificultats,
unes banalitat del tot insuportables.

Un día es va morir como es mort tot el món.
Jo sóc aquest que em dic... Agafat de les mans,
vàrem llegir la làpida. I seguírem, després,
pel carrer de la Mar. Ens atreia la casa.
I altre dia tornàrem. I hem tornar molts de dies.
Carrer de Cabilles, la Plaça de l´Almoina.

Hem entrat a la Seu, hem vist la sepultura
d´Ausiàs, hem mirat aquell Sant Vicent, vell,
que pintà Jacomart. Tornem algunes voltes.

El carrer de la Mar, el de le Avellanes.
Ací estigué la casa on visqué Ausiàs March.
Ací, de cos present, estigué Ausiàs March.
De cos present. Jo sóc aquest... Un sagrità
de la Seu em contava com referent el cos
d´Ausiàs, amb fils-ferro, enllaçant trossos d´ossos.

Un migdia, de llum exaperada, anàrem
a Beniarjó; collirem unes flors en un marge:
les volies deizar en aquelles ruïnes.
Creuàrem en silenci le ruïnes, pensàrem
Ausiás March allí, l´esclava de cinc mesos,
amb el fill bord creixent-li, retornàrem després
a Gandia, tu duies les flors en una mà.

En eixir de Gandia les llançares a l´aire,
a l´aire de Gandia i de Tirant lo Blanc.
Jo soc aquest que em dic... Carrer de Cabiller,
la Plaça de l´Almoina. La teua mà en la meua
com un grapat de terra, arrelats l´un en l´altre. 







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