jueves, 24 de diciembre de 2020

Benimàmet, su historia. (Pedanías de Valencia #2). [Parte 2]


Idílico chalet que podemos encontrar en Benimàmet.
Actual lugar de los Jubilados. Fotografía: I. Balensiya.  

POBLATS DE L´OEST

Benimàmet

Afortunadamente la historia antigua de Benimàmet podemos conocerla gracias a la labor que hizo en 1784 fray Francisco de Santa Bárbara uno de los frailes del Monasterio de San Miguel de los Reyes y señor de Benimàmet. Este monje redactó un manuscrito a mano donde cuenta sobre todo lo vivido en el lugar incluyendo datos de población y contribuciones.

San Miguel de los Reyes - Valencia 

La Guerra de la Independencia (1808) también llegó a la población donde las huestes del general Reille tomaron Benimàmet haciendo estragos sobre las propiedades de los benimatenses, entre ellas y la más sacrílega fue convertir la iglesia de San Vicente Mártir en un establo para las monturas de los soldados. Poco duró esto pues la ayuda vino de manos de un fraile franciscano Juan Martí, párroco de Beniferri, quien el 20 de mayo de 1808 alzó el grito de independencia apoyado por Vicente Doménech El Palleter quien lo ayudo frente al movimiento patriótico valenciano para su lucha contra el francés invasor. Para lograr la liberación de Benimàmet y Beniferri.

"El grito del Palleter" 1884. Joaquin Sorolla
Óleo sobre lienzo 152x202 cm. Valencia.
 

Unos pocos años más tarde el 11 de octubre de 1835 debido a la Desamortización de Mendizábal, todos los monasterios y conventos debían ser abandonados y sus pertenecías y territorios fueron vendidos. San Miguel de los Reyes también tuvo que ser desagregado y los frailes abandonaron el lugar, dejando de ser señores feudales de Benimàmet.

Benimàmet entonces obtuvo su independencia como pueblo, pero duró poco pues el 9 de julio de 1882 y acogiéndose al Real Decreto del 21 de octubre de 1866, se tuvo que anexionar a la ciudad de Valencia, quedando así dependiente de la gran urbe, después de casi 50 años de autonomía.

Núcleo urbano de Benimámet en 1883. 

El Benimàmet del siglo XIX creció un poco más. El llamado Camino Viejo de Paterna y el de Burjassot se llenaron de casas y se construyeron las famosas cuevas por la gente más humilde que no podía permitirse la construcción de una casa, con sus propias manos excavaron el suelo creando habitáculos, unas graciosas cavidades todas limpias y blanqueadas con cal con sus chimeneas y respiradores que llamó la atención hasta a grandes pintores como fue Joaquín Sorolla que inmortalizó la vivienda y sus habitantes en su obra Familia Valenciana (1894)

La familia de Benimàmet que pintó Sorolla en 1894

No solo eran viviendas sino también hubo hasta comercios, tiendas de barrio dónde poder encontrar lo necesario para la vida sencilla de esos habitantes. Se encontraban – o se encuentra clausuradas algunas – en la zona de las Carolinas y el Parque de Camales.


Las cuevas de Benimàmet años 60.

En 1850 Benimàmet ya era independiente como municipio constaba de 248 casas, 235 vecinos, tres alquerías en la huerta, dos molinos uno regido por la acequia de Moncada (Bonany) y el otro por la de Tormos. Un pozo ubicado en la calle Pouet de Pedrereta y 15 cuevas en la zona del actual Parque de Camales.

En cuanto a los cultivos en sus huertas y campos crecían trigo, maíz, cáñamo, alubias, frutas y verduras y todos los campos estaban franqueados de moreras muy importantes para la producción sedera de Valencia.

 Si callejeamos por Benimàmet con tranquilidad podemos encontrar alguna de las casas con ganchos y poleas para guardar el cultivo en las cambras. Junto con filas de pequeños ventanucos para las cambras sederas.

Ejemplo de cambra sedera que podemos encontrar en la actualidad.
Fotografía: I. Balensiya 

El riego estaba asegurado por la acequia de Tormos y sus seis rolls: el Tragador, el Navarro, el Ambriosio, el de les Penyetes, el Sebastiano, el de Alquerieta.

Acequia de Moncada en el Molino del Canonge en Benimàmet.
Fotografía: I. Balensiya. 

En cambio, la acequia de Moncada pegada a la de Tormos, no regaba mucho hasta llegar a los rolls de Uncía y dels Frares para convertir en regadío las ya nombradas zonas de El Secanet y El Garroferal. Además de dar de beber a lo benimatenses.


Del Secanet, solo queda el nombre de la calle.
Fotografía: I. Balensiya

En la actual Feria Muestrario había un polvorín que custodiaba la pólvora de toda la provincia. En la zona estaban los cultivos de secano de algarrobos, olivos y viñas.

Pero todo esto duro solo 27 años desde el señorío de los frailes hasta la absorción por el ayuntamiento de Valencia en 1882.

Valencia había mantenido una relación muy integrada con el pueblo pues proporcionaba suministros que la huerta necesitaba, incluyendo abono, creado por los desperdicios los excrementos de las caballerías para enriquecer la huerta. Luego los productos de la huerta eran vendidos en los mercados de Valencia.

En la huerta ahora ya no solo vivían labradores sino también la burguesía en sus casas de retito salpicando la huerta como pequeños palacetes o villas de campo. Que contrastaban con el cada vez más empobrecimiento a los labradores de Benimàmet que dado a los pocos ingresos mandaban a las mujeres a la ciudad para que hagan venta directa y ambulante de vegetales y frutas por las calles.

A la burguesía le molesta la visión de esta gente y logran que se reglamenta la venta en el Mercado Central y se persigue a las vendedoras sin licencia.

Comienza en 1882 las huelgas de los vendedores de hortalizas que paralizan el mercado y afectan a toda la ciudad.

Surge el Real Decreto de anexión a la ciudad, junto a el proyecto de la “Gran Valencia” para urbanizar los poblados anexos a Valencia, beneficiando así a toda la burguesía que vivía en Benimàmet pues las rentas agrícolas se convertían en urbanas que eran más altas. Llegó también el alumbrado público en 1883 eliminando ese ambiente de inseguridad que provocaban las calles a oscuras.

En 1885 el cólera hizo estragos en la población, pero por obra milagrosa de San Francisco de Paula se terminó, al año siguiente se creó la fiesta de San Francisco de Paula, patrón de los agricultores benimatenses.

El 6 de junio de 1888 se inauguró el tramo de ferrocarril Valencia – Paterna. Ahora se podría tomar el tren en vez de desplazarse en tartana. Un año más tarde construiría la estación en la actual plaza de Luis Cano. La estación se encontraba “lejos” del núcleo urbano de Benimàmet cosa que fomentó otra expansión más de la población. Ahora la pedanía estaba formada por los ejes del Camino de Paterna, Calle de Burjassot, Felipe Valls y unas cuantas casas sueltas al norte de la vía.

El tren en el punto donde hace una curva separaba Benimàmet de su cementerio que estaba en las afueras del pueblo, muy cercano a la estación de tren, en la actual calle Pego.

Llegamos ya al año 1900, el nuevo siglo nos trae cambios en Benimàmet bastante importantes. Es tiempo de la asociaciones como fue la Hermandad de Labradores y la Sociedad de Colombicultores. Se inaugura el primer colegio publico en el edificio que hoy en día está el ayuntamiento pedáneo.

El edificio de la Sociedad de obreros agrícolas.
Fotografía: I. Balensiya

En 1908 se hizo la luz. Las calles de Benimàmet dejaron de estar a oscuras en la noche. Unos pocos años más tarde en 1914 se edifica las Escuelas del Ave María, originariamente como colegio para niñas pobres.

Desde los años 20 hasta 1940 es cuando Benimàmet se convierte en el lugar favorito de muchas familias para veranear y también residir. Se construyen la mayoría de los chalets de la zona de Felipe Valls, además de ser un lugar seguro de bombardeos duran la Guerra Civil de 1936.

Lo que no sería segura, fue la iglesia que quedó totalmente incendiada, afortunadamente se salvaron los libros eclesiásticos de registros.

Iglesia de Benimàmet
I. Balensiya.

En la Montañeta del Polvorín comenzaron a construir calles rectas y unos cuantos chalets. Estas residencias de verano fueron posible gracias al trenet.

Durante las siguientes décadas Benimàmet se convierte en un foco industrial importante y residencia de muchos obreros. La mayoría de ellos de procedencia humilde y había que darles una vivienda para ellos a medida de sus posibilidades económicas.


Es entonces cuando apareció un hombre, un sacerdote llamado Joaquín Sancho Albesa, que fue conocido como el Padre Botella, porque ideó una acción benéfica a través del reciclaje que llamó la atención en buena parte de España.

Este buen hombre era párroco de la Natividad, iglesia del barrio de Canterería, donde le avisaron a que acudiera a una casa porque había una niña que tenía graves quemaduras por jugar con un brasero, porque se quedó sola en casa porque su madre salió a trabajar. Se dio cuenta que la gente del barrio necesitaba una guardería infantil.

Un día en la misa de Navidad dio un sermón en el que comentó que muchos celebrarían las fiestas con bebidas y les pidió que les llevasen los cascos de vidrio vacíos para llevarlos el mismo a la planta de reciclaje y obtener beneficios para llevar a cabo acciones de caridad.

Todas las personas de buen grado empezaron a recolectar y a llevarle botellas vacías al sacerdote, quien las iba vendiendo a las bodegas para que las aprovecharan, una vez que las limpiaba y les eliminaba las etiquetas.

Fue invitado al programa Cabalgata Fin de Semana, donde el locutor le puso el sobrenombre de Padre Botella. Celebridades subastaban botellas piezas únicas. Hasta en el estadio del Real Madrid y del Atlético se dispusieron a recoger botellas con el lema: una botella por cada socio del equipo perdedor y dos por los del ganador.

El Padre Botella con sus botellas.

En cambio, el sacerdote siempre dijo: Cada botella, un ladrillo. Y con más de 15.000 botellas recogidas en la primera semana, alcanzó millones de botellas vacías. Cumpliendo así el objetivo de edificar la guardería infantil, junto a la construcción de más de un centenar de viviendas para los más necesitados de la barriada en la zona del actual Parque de Camales.

Fincas del Padre Botella en el parque de Camales.
Fotografía: I. Balensiya

Joaquín Sancho Albesa murió en 1992. Pero la historia de Benimàmet continua ese año el 9 de julio cuando se inaugura el escudo del pueblo, en los jardines de la Plaza de Luis Cano.

Tres años después se construiría el ambulatoria. En 1996 surgió una comisión para conseguir la separación de Valencia y pueda ser Benimámet pueblo independiente.

En 2007 se perdería el icónico edificio de la estación del tren por el soterramiento de las vías del metro, utilizando el trazado del antiguo tren. Obras que se alargaron hasta 2011.

Antigua estación de Benimàmet. Actualmente desaparecida.


Actual estación de MetroValencia en Benimàmet
Fotografía: I. Balensiya


A partir de entonces comenzaría Benimàmet una lucha por su soñado Parque Lineal ya que las obras tuvieron diversas complicaciones y parones. Finalmente, el 12 de marzo de 2018 se inauguró con un 1.2 km de paseo, 850 metros de carril ciclista, prácticamente 8.000 plantas y alrededor de 12.000 m2 de césped y pradera mediterránea. Siendo la joya del parque un eucalipto de grandes dimensiones, considerado como el más grande de la ciudad de Valencia.

Parque lineal
Fotografía I. Balensiya

Pero la fecha para marcarla en la historia fue este 2020. Cuando Benimàmet ha sido declarada Entidad Local Menor.


lunes, 21 de diciembre de 2020

YULE: del Solsticio de Invierno a la Navidad.(La Valencia pagana #2)

 

La espiral celta, antigua representación del Sol en todo su poder.
Recreación y fotografía: I. Balensiya.


Callejero estamos próximos a los días de Navidad. Se acerca el final del año y en estos días solemos hacer la vista hacía atrás y analizar como han sido las cosas, que nos ha aportado este año, si hemos aprendido algo más, si hemos conocido a alguien que nos haya aportado algo beneficioso. Si tenemos trabajo, o si simplemente lo hemos dejado atrás en busca de nuevos horizontes. Es tiempo de estar en casa con la familia, de sentarnos juntos alrededor de una mesa y contemplarnos a nosotros mismos, a nuestro interior y valorar lo que tenemos y lo que somos. Pensar si lo que somos es lo que queremos ser, si estamos en el camino correcto para llegar a ese puerto que tanto ansiamos.

Para algunos de nosotros estos días es tiempo de meditaciones y recogimiento religioso, para otros de celebración entorno a manjares que solo probamos en estos días, para otros es algo puramente comercial y piensan como sacar beneficio de ello.

Seas como seas callejero, hay que mirar más allá. Mirar arriba en busca del Sol, pues es a él a quien se honra en estos días. Navidad no es más que la cristianización de la fiesta del Sol Invictus, o como científicamente se llama a esto,  el Solsticio del Sol.

Atardecer de Invierno.
Fotografía: I. Balensiya. 

En tiempos antiguos cuando nuestros antepasados eran conocidos como paganos, hoy 21 de diciembre se celebraba una fiesta, que en el pueblo celta era conocida como Yule - Y con ese término me referiré a ella como sinónimo de “Navidad pagana”- que solía festejar el solsticio de Invierno, que ha entrado hoy.   

Este solsticio entra cuando la mitad oscura del año, se separa de la mitad de la luz. Ocurriendo así la Noche más larga del año. El manto de la oscuridad se hará a partir de ahora más débil, y la luz dominará los días. En pocas palabras y menos poético, a partir de mañana el sol irá poco a poco subiendo más alto.

Tal vez esto te resulte un poco confuso callejero. En el pueblo celta – me refiero a este porque España bien fue celta, y parte de ella ibera, y que tal vez sus costumbres religiosas fueron semejantes a las celtas – Existía el Dios Solar y la Diosa Lunar. El año era una rueda que iba girando entorno a la vida del Dios. De un Dios que dejaba preñada a la Diosa, para acabar muriendo y la Diosa con su semilla en el vientre daba a luz a un Niño Sol que a su vez era la reencarnación del mismo Dios.

Recreación en arcilla de dioses celtas.
Elaboración y fotografía: I. Balensiya

Por otro lado, el Año Celta estaba divido en dos mitades, el Solsticio de Verano (mitad oscura) y el Solsticio de Invierno (mitad luminosa). El año estaba gobernado por dos reyes, Rey Acebo y Rey Roble. En el Solsticio de Verano, el Rey Acebo se enfrentaba contra el Rey Roble y lo derrota gobernando así la oscuridad y por eso los días se van acortando. En el Solsticio de Invierno gana la batalla el Rey Roble y este traerá el calor y la luz hasta el Solsticio de Verano cuando perderá la corona y los días se oscurecerán.

Los reyes de las dos mitades. 

Volviendo de nuevo al Solsticio de Invierno, es el momento en que la Diosa, da a luz a su Niño Sol, y los antiguos celtas encendían hogueras y bailaban a su alrededor toda la noche para llamar al amanecer donde se recuperaría después de un largo letargo, renaciendo de nuevo el Rey Roble, el dador de vida que calentaba la tierra fría, y la Naturaleza empezará a moverse de nuevo poco a poco porque al llegar marzo, tiene que florecer la vida de nuevo con la primavera.

Representación de la Diosa embarazada.
Elaboración y fotografía: I. Balensiya
 
A parte de las hogueras y de representar el sol pintando espirales, se decoraba con velas y ramas verdes. Porque el verde es el color de la Naturaleza, de la esperanza, del renacimiento y de la vida. Y esta noche nacía de nuevo el Niño Sol, regresando la esperanza al mundo. Se celebraba la nueva vida que nace, decorando las casas con hojas de acebo, muérdago, laurel, pino, salvia y como no, mucho roble. Dando el origen a nuestra decoración tradicional de rojo y verde.

Decoración a base de plantas tradicionales celtas.
Recreación y fotografía: I. Balensiya. 

La fiesta del Solsticio de Invierno, Yule, era una celebración procedente de las costumbres agrarias de nuestros antepasados que vivían pendientes del Sol y de los campos. Representa el renacimiento del Dios, después de su muerte. Todas las hojas se han caído, la naturaleza duerme, es el momento de mayor oscuridad antes que la luz regrese… Se encenderá la primera chispa y de la tierra, de la oscuridad más profunda surgirá la vida en los campos.

Es por este motivo de espera agraria es porque meditamos estos días. No tenemos campos que cultivar, ni criamos animales, pero ahí dentro de nuestra mente ha quedado ese sentimiento de aguardar, de recogimiento y meditación. Protegidos del frío en nuestras casas nos observamos a nosotros mismos y descubrimos nuevas cosas. Nuevos propósitos.  Este es el origen de ese sentimiento “navideño”.

Ese dios solar que adoraban nuestros antepasados, fue cambiado por otro “dios solar”. Jesús, la Luz del Mundo, pues la luz del mundo no es otra que el Sol.

Es por eso que la Iglesia Católica cuando quiso eliminar la fiesta, decidió que el nacimiento de Jesús coincidiera con las fiestas del Solsticio de Invierno que culminaban con la celebración del Sol Invictus, “el Sol victorioso” el 25 de diciembre. Una jugada perfecta. La fiesta, los banquetes continuaban para el pueblo, pero solo tenían un cambio de deidad. Así es como el Niño Sol, se convirtió en el Niño Jesús.

Jesús que al nacer trajo la esperanza y la luz al mundo. 


Pero en nuestra Navidad actual, no solo tenemos al Niño Jesús, sino tenemos a otro personaje más en algunas casas. Un señor mayor orondo, con barba blanca larga y vestido de rojo. ¿De dónde surgió esta figura del llamado Papa Noel?

Si buscamos en la cultura folclórica celta, tenemos al Rey Acebo, un anciano de barba blanca larga, vestido de rojo, con ramas de acebo adornado la ropa y a veces conduce un carruaje guiado por ocho ciervos.

La figura de Papa Noel procede de tierras nevadas, por eso hay que ir un poco más allá del pueblo celta que habitó por estas tierras. Hay que buscar las raíces en las tierras del norte, en la región nórdica.  

El origen de Papa Noel, no es más que una cabra. Sí, una cabra. Si viajamos a estos países nórdicos como son Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia e Islandia. Encontramos la figura de una cabra como elemento central de la fiesta navideña. Conocida como Julbock, lo que vendría a significar “Cabra de Yule”.

Adorno navideño en forma de cabra.
Típico de estos países.

Su origen era una figura de tamaño considerable fabricada en paja, que se remontaba a la tradición de sacrificar una cabra para celebrar el fin del año de labranza. - Recordemos que todo tiene origen en la cultura agraria – El motivo de escoger este animal, era porque el dios Thor, señor del trueno, conducía un carro tirado por dos cabras, con la peculiaridad de que podía alimentarse de ellas. Y una vez acabado cubrir los huesos con sus pieles y estas volvían a la vida de nuevo.

Como era considerado por los campesinos, como el dios protector de ellos, de las cosechas y el clima. Ya que una tormenta puede destrozar una cosecha, pues se le sacrificaban cabras en su honor.

Según cuenta la leyenda, un día Thor encontró en invierno a unos humildes campesinos que no tenían nada para comer, así que, apiadándose de ellos, mató a sus dos cabras y les regaló su carne para alimentarlos. Este mito evolucionó con el tiempo hasta que nació la Cabra de Yule, una especie de espíritu que visita los hogares en la fiesta, para ver si la gente está comportándose bien. Si es así daba regalos a los que lo merecían. 

Por esa razón los hombres mayores del hogar se disfrazaban de cabra y daban regalos a los niños durante los siglos XVII y XVIII.

Antigua postal, dónde aparece el
 hombre  ataviado de cabra.

Pero la iglesia católica no veía bien que los hombres se disfrazaran de “macho cabrío” con una capa de pellejo y nos cuernos, pues semejaban al Diablo. Pero dado que la tradición estaba tan arraigada de que una cabra llevara los regalos a los niños, a la figura de ese hombre mayor se eliminó el disfraz de cabra y solo quedó un anciano vestido de rojo, con una barba blanca como la de una cabra.

Disfraz de Julbock al que la iglesia se negó.

Fue en el siglo XIX cuando aparecía la figura de Papa Noel o Santa Claus. También mezclado un poco con la iconografía de San Nicolás, quién es portador de regalos en algunos países. Mientras que en otros del norte se convirtió este hombre en un gnomo o abuelo de las nieves.

Antigua postal donde el "abuelo de las Nieves"
alimenta a su cabra que tira de su trineo cargado de regalos. 

En cambio, en España donde la tradición católica había arraigado con fuerza, se dijo que los regalos los traían los Reyes Magos, y así a sido durante generaciones hasta que, dada la globalización y la comercialización de cine americano, se adoptó en algunos hogares la figura de Papa Noel, que no es más que la Cabra de Yule.

Quién trae los regalos en Europa.

Todos estos regalos procedan de quienes procedan, aparecen el día de Navidad debajo de tu árbol callejero. Un árbol que también tiene su origen en el mundo pagano.

El árbol de Navidad también proviene de la mitología nórdica, representa al divino Idrassil el grandioso roble que con sus ramas y raíces une el mundo de los dioses con el de los humanos. Estos paganos toman un árbol y dotándolo de sagrado lo decoraban con bayas rojas y demás elementos para la fiesta del Solsticio de Invierno.

Komorebi en un ficus de la ciudad.
Una recreación de Idrassil. 
Fotografía: I. Balensiya.

Cuando fueron evangelizados por San Bonifacio, cambió el roble por el pino, porque es el símbolo de la vida eterna y su forma triangular recordaba a la Trinidad. Los adornos pasaron a ser manzanas rojas como símbolo de la tentación y velas en recuerdo a Jesús, la luz del mundo. Logrando así la imagen del conocido pino de Navidad con bolas rojas y lucecitas. Una tradición decorativa que llegó a España en 1870.

Cambio de árbol sagrado.


Pastel de Tronco de Navidad. 

Otra de las cosas que tenemos son mesas llenas de comida, porque toda celebración desde antiguo ha sido con banquetes. En esas mesas en nuestros hogares tenemos un postre especial: el tronco de Navidad, que no es más que la representación comestible, del Tronco de Yule, un gran tronco de árbol que se guardaba de un año para otro. Se decoraba con ramas, bayas y todo lo que podían y lo hacían arder durante la noche del Solsticio para ayudar al Sol a renacer con fuerza.

Recreación y quema simbólica del Tronco de Yule.
Recreación y fotografía: I. Balensiya.

Se decía que sus llamas espantaban a los malos espíritus y sus cenizas se esparcía por los campos porque así lograrían buenas cosechas. Otra costumbre más procedente del mundo agrícola antiguo.

Para acabar es momento de hablar de otro elemento más que nos acompaña desde hace unos años en nuestras fiestas. Otra planta que se junta con el muérdago y el acebo, la llamada Flor de Pascua o Flor de Nochebuena.

Mi ejemplar de Flor de Nochebuena
Fotografía: I. Balensiya.

Otra costumbre pagana, para no perder la tradición, pero esta vez procedente del México de los dioses aztecas. Su nombre en idioma azteca es Cuetlaxochitl que significa flor color de fuego. Los antiguos mexicanos usaron esta hermosa planta para hacer pigmentos para su vida diaria y también como ofrenda a Tonantzin, la diosa de la tierra.

Azteca llevando flor de ofrenda.

Con la llegada de los españoles. Los frailes franciscanos encontraron semejanza a la diosa azteca con su Virgen de Guadalupe, y continuaron las ofrendas de esta flor roja sangre a la Virgen.

Comparación de las dos imágenes sagradas.

México seguiría decorando en diciembre con esta planta y el tiempo pasó hasta llegar a siglo XIX donde en 1821 México alcanzó su independencia siendo el primer representante diplomático de Estados Unidos Joel Roberts Poinsett, un amante de la botánica y admirado por la belleza de esta planta envió varios ejemplares a EEUU.

En 1834 se le llamó Euphoria Pulcherrima “la más bella” pero dado a la dificultad del nombre científico empezaron a llamarla comúnmente lo americanos como Poinsettia en honor al señor Poinsett que la introdujo en el país.

No fue hasta 1929 cuando se extendió su venta comercialmente en una exposición en Filadelfia. Ya que los botánicos habían logrado cultivarla y crear producción de aquellos ejemplares que envió Poinsett.

Siendo la familia Ecke la encargada de su cultivo a gran escala y comercialización por toda Norteamérica. Esta planta llegó a Europa a través del Escocés Rober Buist, un viverista que la comercializó y fue adoptada incluso por el Vaticano para adornar sus altares en Navidad, con la Flor de Nochebuena.

Iglesia católica adornada con Poinsettia.

En estos 200 años la Poinsettia ha sido manipulada genéticamente para mejorar los ejemplares y modificar los colores de sus hojas, pues las flores son las bolitas amarillas de su centro. Existiendo actualmente trescientas variedades de la planta azteca.

Callejero ahora ya conoces el origen de todos los elementos que rodean esta festividad que conoces como Navidad. Y aunque Yule sea una antigua fiesta pagana, nosotros lo podemos celebrar como un tiempo de reflexión y contemplación, para entendernos a nosotros mismos y mejorar como personas, para renacer en el nuevo año que entra.

 

                                                       Os deseo a todos vosotros un feliz Yule, Solsticio de Invierno y Navidad.

viernes, 21 de agosto de 2020

Benimàmet, su historia. (Pedanías de Valencia #1). [Parte 1]



Benimàmet. Fotografía Isabel Balensiya


Benimàmet forma parte de la ciudad de Valencia desde el año 1882, por el Real Decreto del 21 de octubre de 1866, que ordenaba que se suprimieran todos los municipios con una población inferior a los 1.000 habitantes, formando así junto al municipio de Beniferri, el cual sufrió la misma suerte, el denominado distrito de Poblats de l´Oest (Poblados del Oeste).

En el plano lo encontramos ubicado al norte con el Camino viejo de Líria – act. Pista de Ademúz – y fusionado con Burjassot. Al oeste contiene su crecimiento el barranco d´Endolça y el este y el sur es un límite confuso entre Beniferri y Campanar.

Benimàmet se fundo al pie de unas colinas calcáreas y bordeando la tierra de aluvión, encontrándose entre el limite de las huertas de secano y regadío. Ese limite lo marcaba la acequia de Moncada. Para no desperdiciar las tierras de regadío, el pueblo se construyó en la parte más alta, donde no llega el agua de Moncada. Esta es la razón de esas calles en cuestas que podemos recorrer hoy en día.

Con el tiempo, a base de un pozo y nuevos ramales de la acequia de Moncada – Uncía y de los Frares -  se crearon nuevos regadíos en tierras de secano en las zonas conocidas como `El Secanet´ y `El Garroferal´.

Actualmente el Secanet es una calle llena de edificios.
Fotografía: Isabel Balensiya

En pueblo, en época islámica, se fue extendiendo a lo largo de esta acequia, convirtiendo su término en una rica huerta.


El nombre de la localidad también es de origen islámico. Etimológicamente deriva de “Bani Mahbit” que vendría a significar la familia de Mahbit, que era la dueña de la alquería que dio origen al asentamiento y futuro pueblo. Si consultamos los archivos, la primera vez que aparece escrito el nombre Benimàmet en un documento oficial lo podemos leer en el Llibre del Repartiment, concretamente en el asiento 666, folio 41.

Fragmento del Llibre del Repartiment donde aparece por primera vez el nombre,
subrayado en lima. 

« Entrega el 21 de agosto de 1238 a Sancius de Stada de casas y heredad, pertenecientes hasta entonces al Habrahim Alfachar de Benimahamet»


Un siglo más tarde, en 1310 ya se cita el pueblo en documentos con el nombre actual de Benimàmet.
Al llegar a la época medieval cristiana es cuando la historia del municipio se pone interesante, pues fueron muchos los señores y dueños de esta villa.

 En 1238, Jaime I el Conquistador lo dona a Sanç d´Estrada, primer señor cristiano de Benimàmet y todo su término.

Emblema de la familia Cavallerías.
Cuarenta años más tarde lo compra Gil Martínez de Entenza. Sus descendientes venderán la población, en 1361 por 80.000 reales valencianos, al llamado Magnifico Berenger de Codinats, el Mestre Racional de Valencia.

En 1453, Benimàmet y su término es vendido a Felipe de Cavallería, de la familia Cavallerías, quien hizo construir el castillo de Benimàmet.

Dicho castillo estaba ubicado entre la iglesia de San Vicente y el Camino viejo de Paterna y fue derruido en 1945.Cuando perdió su categoría como casa señorial, se convirtió en convento, luego en un colegio y por último en un cuartel de la Guardia Civil. Su ultimo propietario fue Enrique Blat Donderis “el potrero”. Su puerta principal miraba hacía Paterna, tenía un pozo y un árbol monumental, con un portal de arco redondo, con grandes dovelas y piedra, claustro de dos pisos y fábrica de ladrillo, patio empedrado y escalera de piedra.

De las últimas fotografía que se conservan del castillo.

En 1536, Benimàmet tendría su propia iglesia, ya que hasta entonces dependía eclesiásticamente de Burjassot. Mientras solo habían tenido una pequeña ermita con un sencillo altar dedicado a San Vicente Mártir que, en 1350, había mandado construir el señor de la villa.

Alrededores de la iglesia de San Vicente Mártir al atardecer.
Fotografía: Isabel Balensiya.

La actual iglesia de San Vicente Mártir
Fotografía: Isabel Balensiya
Los benimatenses se hicieron devotos de este diacono mártir, que lo tienen como el santo patrón del pueblo, después de haber remitido actas a Roma para conseguir el patronazgo  sobre la localidad, acompañándolas de testimonios de milagros y hechos prodigiosos para confirmar la presencia de ese santo en la zona y su gran estima.

Estima que le tenía San Vicente Ferrer, el fraile dominico que tanto pasó por Benimàmet camino a Paterna para evangelizar a los restos de población islámica. El santo valenciano venia a pie desde Valencia hasta Paterna por el actual Camino viejo de Paterna, que pasaba cerca de la ermita dónde se alza ese pequeño altar a su santo tocayo que tanta devoción le tenía. Lugar que aprovechaba para descansar, rezar y predicar a los habitantes de Benimàmet.

El diácono San Vicente Mártir aún perdura su recuerdo, no solo en la iglesia sino también, en el propio emblema del pueblo formado por el aspa donde le crucificaron y la rueda de molino a la cual ataron su cadáver y tiraron al río Turia, allá por el año 304 de nuestra era, durante la persecución cristiana en tierras hispanas.

Emblema de la pedanía.
Fotografía: Isabel Balensiya.
Regresando de nuevo a los señores de la villa. Sobre la ermita se construyó la actual iglesia, luego la familia Cavallerías vendió Benimàmet a Baltasar Ince de San Juan, quien por desgracia tenía un hijo con muchas deudas y puso el señorío de Benimàmet como garantía, finalmente lo perdió cayendo en manos del acreedor Miguel Juan de Talladas, quien para deshacerse de la villa se la vendió a los frailes jerónimos del Monasterio de San Miguel de los Reyes, quienes serían sus señores feudales desde el siglo XVI, hasta la Desamortización de Mendizábal en 1836.


En rojo las edificaciones que abarca el Benimàmet del siglo XIX




martes, 28 de julio de 2020

Nazaret, resucitará.


Visión actual de como está la zona.
Captura de Googlemaps

Cocoteros, este barrio de Valencia tendrá todos servicios públicos a menos de 15 minutos andando. Lo mismo con los barrios vecinos de Moreras y Residencial Sur.

Ubicado en Nazaret, es una zona de Valencia que está muy afectada por el puerto y la separación con la ciudad, con la cual solo está conectada por el puente de Astilleros. Quedando abandonada en el mapa. Pronto esta zona tendrá una unificación de paisaje, dotaciones públicas, tráfico…

Las antiguas casas de Cocoteros fueron abandonadas por sus habitantes, ahora es un lugar muy degradado, con mucha inseguridad, y venta de drogas.

Se construirán cuatro edificios de viviendas de cuatro plantas cada una de ellas, de forma perpendicular, para poder tener visión a la desembocadura de rio Turia.

Se conservará el edificio de la antigua estación, para algún fin público además de añadir plazas y zonas de ajardinamiento.

En el barrio de Moreras, se construirá un nuevo mercado más grande. Liberando la plaza donde está el mercado actual, y conectando la calle Mayor con plaza de la Iglesia y del Cristo.

Finalmente, en Residenciales Sur, de ubicaran las vivienda expropiadas por la ZAL - zona de actuaciones logísticas – que hace bastante tiempo que están pendientes por hacer. además de un gran número de viviendas de protección pública.

Logrando así una mejor imagen de esta zona de la ciudad de Valencia.


Visión de cómo podría quedar la zona en un futuro. 


sábado, 25 de julio de 2020

El día que nació Valencia (El Plano de Valencia#)

Valentina, la que posee valor. 
Desde que era adolescente que me gustaba escribir historias. Relatos al estilo de las Leyendas de Bécquer, cuentos y quimeras producto de mi imaginación, en busca de dotar de forma e imagen a una vaga idea etérea que iba flotando por mi mente, provocada por la inspiración de cualquier cosa, en cualquier momento. 

Con el tiempo dejé de escribir estos "caprichos" literarios para centrarme en escribir artículos históricos o artísticos relacionados con mis estudios. Pero después de mucho pensar mientras callejeaba por Valencia, y después de encontrar en el fondo de un cajón aquel texto que le escribí a mi amada ciudad, llegué a una conclusión. ¿Que día naciste, mi amada Valencia?

Si vosotros al igual que yo, habéis estudiado latín e historia sabréis que la ciudad de Roma se fundó un 21 de abril del año 735 a.C. Pero nosotros los valencianos lo único que sabemos sobre la fundación de Valencia es que según los Annales Maximi, el historiador Tito Livo nos cuenta que la ciudad de Valentia fue fundada en el año 138 a.C por el cónsul romano Décimo Junio Bruto Galaico, quién tras haber licenciado a sus tropas de las campañas lusitanias contra el famoso Viritato, en recompensa al valor de estos hombres, les otorgó unas tierras en el levante de Hispania.

Un territorio que se encontraba en una isla fluvial, cerca de la desembocadura del río Tyris. Un lugar sumamente estratégico porque por ahí pasaba la Vía Augusta y podían controlas las cuatro antiguas y fieles ciudades ibéricas: Arse, Edeta, Saetabis y Dianium. (Sagunto, Liria, Xàtiva y Denia, respectivamente.)

Así que sabemos el año y el motivo por la que fue fundada la ciudad de Valencia. ¡Incluso se ha encontrado el pozo fundacional de la ciudad! Pero... ¿Qué día nació Valencia? Eso eso es algo que no sabremos hasta que quizás surja algún hallazgo arqueológico nuevo. 

Pero como amante de las leyendas que soy, para mi eso no es problema. ¿Por qué no crear una nueva, aunque sea una mera fantasía anacrónica? 

Callejero en este lugar he escrito diversas leyendas surgidas del colectivo de los antiguos valencianos, pero hoy voy a crear mi propia leyenda. Un simple cuento para olvidarse del calor del verano y que quiero compartir con todos vosotros y... ¡Quien sabe, dentro de 1000 años puede que mis palabras sean tomadas como una leyenda fidedigna! 

 ¡Disfrutadla!





En ocasiones mientras recorro el casco antiguo haciendo fotos, tengo una labor secreta: encontrar el día perfecto para "celebrar" el cumpleaños de Valencia.

Su origen es romano y si seguimos las costumbres romanas, nuestros antepasados lo consultaban todo en libros u oráculos para buscar el día correcto para fundar una ciudad, construir un templo o incluso para ir a la guerra. Pero... ¿ A dónde podría ir yo, a consultar el día para la fundación soñada de mi ciudad? 

Mientras me hacía esta pregunta iba recorriendo la ciudad, pisando su oscura piel de asfalto y me repetía una y otra vez como un mantra ... Valencia, Balansiya, Valentia ¿Que día naciste?

En ese preciso momento, Valencia me contestó. Quizás fue el sol, quizás sería cierto que la ciudad me habló. Fuese lo que fuese, mis pasos me llevaron a un cabo del cual tirar. ¡La lápida que se encentra en el centro de la plaza de la Virgen y su inscripción!



Me detuve en el que antes llamaban corazón de la ciudad y leí traduciendo las primeras palabras que allí yacen esculpidas en la piedra:

« En el año 616 desde la fundación de Roma, en el año 138 a.C. El cónsul Décimo Junio Bruto, a los que habían luchado en Hispania en tiempos de Viriato dio campos y una ciudad fortificada que se llamó Valentia. »

Fije la vista en la palabra labrada de VALENTIA y recordé lo que hace mucho tiempo me contó mi profesor de latín. Que los nombres de las ciudades romanas se formaban con la raíz -ntia y se les añadía palabras como: poder, vigor, valor, favor...

En nuestro caso los soldados que lucharon valerosos contra Viriato, quisieron conmemorar eternamente esa valentía y decidieron tomar el verbo Valens -valor- añadiendo la fórmula del -ntia quedando así el nombre romano de Valentia, el cual vendría a significar "la Ciudad de los Valientes" o "La que posee valor".

Quizás en el momento en que invocaron a los dioses para consultarles respondiera Virtus, la deidad de la valentía y de la fortaleza militar. Quizás en su honor tomaron el nombre de Valentia.

Pero actualmente nuestra ciudad no es pagana, sino cristiana, y no hay un augur, ni oráculo que consultar, para ello tenemos que consultar el santoral para imponer nombre, porque ese es el estilo de los viejos cristianos, poner el nombre del santo del día.

Así que como desconocía el día o festividad en que consultaron los augures romanos a sus dioses, decidí buscar un nombre en el santoral que se le pareciera y cuál fue mi sorpresa. ¡Aparece un nombre y además femenino! muy similar al de nuestra ciudad: Valentina.

Valentina cuyo significado es la mujer valerosa o la que posee valor. Además su origen procede del latín del verbo Valens - valor - la misma raíz etimológica que el nombre de la ciudad. Seguí leyendo sobre ese nombre. El banco fresco de la Casa Vestuario invitaba a reposar la lectura...

« Este nombre posee ciertas cualidades: Valentina es una mujer de carácter
 decidido, valiente, que llama la atención y su estrella brilla con luz propia.»

Ya es bien sabido que desde tiempos antiguos Valencia fue anhelada por muchos.


« Valentina odia las mentiras y las falsedades, la lealtad y 

la fidelidad forman parte de su esencia como persona.» 

De igual manera la ciudad de Valencia fue dos veces leal.


« Valentina es una mujer dispuesta y voluntariosa, 
siempre quiere ayudar a los demás.»


Valencia siempre ha estado para aquellos que venían de fuera, muchos extranjeros fueron acogidos por ella y les ayudó a prosperar y buscar una vida mejor.

« Valentina es una mujer demasiado perfeccionista.»

¡Y que decir de Valencia, desde siempre fue la ciudad perfecta e ideal!

« Valentina es una mujer que necesita que la quieran constantemente.»

Valencia fue esa ciudad nupcial, dos veces desposada: por el Cid de Castilla y por Jaime de Aragón. Ambos la amaron, la veneraron y la agasajaron como un enamorado hace a su amada. 


Ahora que tenía su nombre, solo faltaba localizar su onomástica en el calendario y fue entonces cuando surgió de mi "delirio anacrónico" una fecha: 25 de julio de 138.a.C 

¡El día que se fundó Valentia!
¡El día que nació mi ciudad!


Si lo pensamos, no es un mal día, en pleno verano con el calorcito dan ganas de celebrar fiestas. ¿Por qué no celebrar la fundación de una ciudad? De esta ciudad femenina con el nombre de princesa guerrera, porque Valencia es una ciudad guerrera, una ciudad que ha luchado y ha sobrevivido a todas las épocas, fue pagana, sultana y beta. Activa, vanguardista y atrevida. 

Una ciudad de aquellos valientes antepasados que comenzaron a escribir la crónica "valentina" y fueron desarrollando esta hermosa ciudad creativa, trabajadora, apasionada y entusiasta que tanto ha crecido y que tanto amo.

Valencianos, amante de las leyendas populares y paganas, id al corazón de la ciudad, visitad la Almoina y a vuestro pareced presentar vuestros respetos a Valencia, en su día especial soñado. 

Esto tan solo es un cuento, una quimera surgida de la imaginación de una chica que juega a ser juglar, pero quién sabe... quizás dentro de muchos siglos el cuento se convierta en leyenda, la leyenda en mito... y el mito siempre es un forma bonita de relatar la historia. 

Tal vez dentro de muchos siglos, hoy se celebre el 25 de julio como el día que nació nuestra ciudad. 



viernes, 17 de abril de 2020

La Cruz del yo mismo (Cruces de Término#16)

AVISO: La redacción de estos artículos se realizaron durante la epidemia del COVID-19. Están tipo "novelados" imitando un antiguo cuaderno de un viajero del tiempo. Para entretenimiento de un grupo de amigos de Puçol y dedicados a ellos. 


Solamente he caminado en línea recta, siguiendo mi instinto entre las calles de ese poblado que llaman Canyamelar. Lo he cruzado y perdido siguiendo mi olfato el aire fresco del mar por las calles del barrio llamado Cabañal, sus casas bajas, de las familias de pescadores, son una muestra de colorido, de alegría y manifiestan la sencillez con la que una persona puede vivir feliz. Se ve un barrio tranquilo, y aunque, a días de hoy, no hay nadie por la calle. Intuyo que seguramente no haya mucho trasiego por él, como lo hay por otros sitios de la ciudad.

Finalmente llego a mi destino: el paseo marítimo. Me quito el cubrebocas y los guantes, ya no quiero volver a usarlos más y aspiro con todas mis fuerzas el aire del mar y de un brinco salto el pequeño murete que quiere contener toda la arena de la playa. Me lanzo a correr hasta la orilla, todo lo rápido que me dan las botas en la arena, bajo esta mañana de sol, mis pies fallas a pocos metros de llegar a la orilla del mar y caigo de rodillas. El destino lo ha querido así.

Suspiro cargando mis pulmones de aire de mar puro, cojo un puñado de arena entre las manos y dejo que discurra entre mis dedos, es tan agradable la sensación después de tantos días usando guantes.

Cierro los ojos y me concentro en el sonido de las olas durante un minuto, los abro despacio y es cuando suavemente y la punta de los dedos abro un pequeño hueco en la arena, como una pequeña tumba. Rebusco en mi bolsa y extraigo el pequeño carboncillo, que me ha acompañado durante este largo viaje, apenas tienes tres centímetros. Lo pongo sobre la palma de mi mano y lo cubro con la derecha. Y rezo, rezo a mi manera, sin invocar ninguna imagen sacra, sino dando gracias a la Naturaleza por haberme ayudado en mi caminar, por todo lo que he descubierto y por el haberme conocido un poco más. Esto ha sido una aventura, un viaje en tiempos de epidemia, dónde aprendes sin querer a meditar en la soledad en la que encierras mentalmente. Ahora se ha comprendido el sentido de libertad, esa libertad que tienen las pequeñas cosas, como es poder ir a la tienda a comprar, aunque sea un simple carboncillo o un poco de tinta para escribir, poder entrar en un horno y sentir el calorcito o el aroma del pan recién hecho. El tacto frío de la barra del metro a la que te agarras todos los días para ir a trabajar, el trasiego del día a día, el ir a hacer tus recados a pie, pues no disponemos de un carro de metal y recurrimos solo a los gusanos subterráneos cuando hay necesidad.

Hoy en día vivimos con una situación acomodada, sencillez, aunque no la veamos. Pues en un solo edificio podemos encontrar todo lo que necesitamos para vestir o comer, sin tener que ir en peregrinación por toda la ciudad como lo hacían nuestras madre o abuelas hace tantos años atrás.

Con un simple teléfono móvil, o espejo-brújula mágicos, podemos tener el contacto de cualquier persona o conocer donde está cada cosa, sin necesidad de salir de casa, o de llevar grandes pliegos de papel con nosotros en los viajes. Vivimos tan cómodamente, que no nos hemos dado cuenta de ello, hasta que se ha parado el mundo.

Así que, cuando todo esto vuelva a poner en marcha, cuando puedas libremente salir de nuevo a la calle, saborea y aprecia todas estas pequeñas cosas que la Naturaleza o tu Dios te proporcionan.

Con estos pensamientos coloco el trocito de carboncillo en el hueco que he excavado y lo cubro con la arena. Amontono encima unos cuantos guijarros imitando una estela funeraria en miniatura, me arranco el crucifijo de plata que pende de mi cuello y lo dejo junto al túmulo, creando una pequeña cruz de término, porque aquí termina mi viaje y tal vez tú, algún día comiences el tuyo, al encontrarlo.