viernes, 21 de agosto de 2020

Benimàmet, su historia. (Pedanías de Valencia #1). [Parte 1]



Benimàmet. Fotografía Isabel Balensiya


Benimàmet forma parte de la ciudad de Valencia desde el año 1882, por el Real Decreto del 21 de octubre de 1866, que ordenaba que se suprimieran todos los municipios con una población inferior a los 1.000 habitantes, formando así junto al municipio de Beniferri, el cual sufrió la misma suerte, el denominado distrito de Poblats de l´Oest (Poblados del Oeste).

En el plano lo encontramos ubicado al norte con el Camino viejo de Líria – act. Pista de Ademúz – y fusionado con Burjassot. Al oeste contiene su crecimiento el barranco d´Endolça y el este y el sur es un límite confuso entre Beniferri y Campanar.

Benimàmet se fundo al pie de unas colinas calcáreas y bordeando la tierra de aluvión, encontrándose entre el limite de las huertas de secano y regadío. Ese limite lo marcaba la acequia de Moncada. Para no desperdiciar las tierras de regadío, el pueblo se construyó en la parte más alta, donde no llega el agua de Moncada. Esta es la razón de esas calles en cuestas que podemos recorrer hoy en día.

Con el tiempo, a base de un pozo y nuevos ramales de la acequia de Moncada – Uncía y de los Frares -  se crearon nuevos regadíos en tierras de secano en las zonas conocidas como `El Secanet´ y `El Garroferal´.

Actualmente el Secanet es una calle llena de edificios.
Fotografía: Isabel Balensiya

En pueblo, en época islámica, se fue extendiendo a lo largo de esta acequia, convirtiendo su término en una rica huerta.


El nombre de la localidad también es de origen islámico. Etimológicamente deriva de “Bani Mahbit” que vendría a significar la familia de Mahbit, que era la dueña de la alquería que dio origen al asentamiento y futuro pueblo. Si consultamos los archivos, la primera vez que aparece escrito el nombre Benimàmet en un documento oficial lo podemos leer en el Llibre del Repartiment, concretamente en el asiento 666, folio 41.

Fragmento del Llibre del Repartiment donde aparece por primera vez el nombre,
subrayado en lima. 

« Entrega el 21 de agosto de 1238 a Sancius de Stada de casas y heredad, pertenecientes hasta entonces al Habrahim Alfachar de Benimahamet»


Un siglo más tarde, en 1310 ya se cita el pueblo en documentos con el nombre actual de Benimàmet.
Al llegar a la época medieval cristiana es cuando la historia del municipio se pone interesante, pues fueron muchos los señores y dueños de esta villa.

 En 1238, Jaime I el Conquistador lo dona a Sanç d´Estrada, primer señor cristiano de Benimàmet y todo su término.

Emblema de la familia Cavallerías.
Cuarenta años más tarde lo compra Gil Martínez de Entenza. Sus descendientes venderán la población, en 1361 por 80.000 reales valencianos, al llamado Magnifico Berenger de Codinats, el Mestre Racional de Valencia.

En 1453, Benimàmet y su término es vendido a Felipe de Cavallería, de la familia Cavallerías, quien hizo construir el castillo de Benimàmet.

Dicho castillo estaba ubicado entre la iglesia de San Vicente y el Camino viejo de Paterna y fue derruido en 1945.Cuando perdió su categoría como casa señorial, se convirtió en convento, luego en un colegio y por último en un cuartel de la Guardia Civil. Su ultimo propietario fue Enrique Blat Donderis “el potrero”. Su puerta principal miraba hacía Paterna, tenía un pozo y un árbol monumental, con un portal de arco redondo, con grandes dovelas y piedra, claustro de dos pisos y fábrica de ladrillo, patio empedrado y escalera de piedra.

De las últimas fotografía que se conservan del castillo.

En 1536, Benimàmet tendría su propia iglesia, ya que hasta entonces dependía eclesiásticamente de Burjassot. Mientras solo habían tenido una pequeña ermita con un sencillo altar dedicado a San Vicente Mártir que, en 1350, había mandado construir el señor de la villa.

Alrededores de la iglesia de San Vicente Mártir al atardecer.
Fotografía: Isabel Balensiya.

La actual iglesia de San Vicente Mártir
Fotografía: Isabel Balensiya
Los benimatenses se hicieron devotos de este diacono mártir, que lo tienen como el santo patrón del pueblo, después de haber remitido actas a Roma para conseguir el patronazgo  sobre la localidad, acompañándolas de testimonios de milagros y hechos prodigiosos para confirmar la presencia de ese santo en la zona y su gran estima.

Estima que le tenía San Vicente Ferrer, el fraile dominico que tanto pasó por Benimàmet camino a Paterna para evangelizar a los restos de población islámica. El santo valenciano venia a pie desde Valencia hasta Paterna por el actual Camino viejo de Paterna, que pasaba cerca de la ermita dónde se alza ese pequeño altar a su santo tocayo que tanta devoción le tenía. Lugar que aprovechaba para descansar, rezar y predicar a los habitantes de Benimàmet.

El diácono San Vicente Mártir aún perdura su recuerdo, no solo en la iglesia sino también, en el propio emblema del pueblo formado por el aspa donde le crucificaron y la rueda de molino a la cual ataron su cadáver y tiraron al río Turia, allá por el año 304 de nuestra era, durante la persecución cristiana en tierras hispanas.

Emblema de la pedanía.
Fotografía: Isabel Balensiya.
Regresando de nuevo a los señores de la villa. Sobre la ermita se construyó la actual iglesia, luego la familia Cavallerías vendió Benimàmet a Baltasar Ince de San Juan, quien por desgracia tenía un hijo con muchas deudas y puso el señorío de Benimàmet como garantía, finalmente lo perdió cayendo en manos del acreedor Miguel Juan de Talladas, quien para deshacerse de la villa se la vendió a los frailes jerónimos del Monasterio de San Miguel de los Reyes, quienes serían sus señores feudales desde el siglo XVI, hasta la Desamortización de Mendizábal en 1836.

(Continuará…)

En rojo las edificaciones que abarca el Benimàmet del siglo XIX



martes, 28 de julio de 2020

Nazaret, resucitará.


Visión actual de como está la zona.
Captura de Googlemaps

Cocoteros, este barrio de Valencia tendrá todos servicios públicos a menos de 15 minutos andando. Lo mismo con los barrios vecinos de Moreras y Residencial Sur.

Ubicado en Nazaret, es una zona de Valencia que está muy afectada por el puerto y la separación con la ciudad, con la cual solo está conectada por el puente de Astilleros. Quedando abandonada en el mapa. Pronto esta zona tendrá una unificación de paisaje, dotaciones públicas, tráfico…

Las antiguas casas de Cocoteros fueron abandonadas por sus habitantes, ahora es un lugar muy degradado, con mucha inseguridad, y venta de drogas.

Se construirán cuatro edificios de viviendas de cuatro plantas cada una de ellas, de forma perpendicular, para poder tener visión a la desembocadura de rio Turia.

Se conservará el edificio de la antigua estación, para algún fin público además de añadir plazas y zonas de ajardinamiento.

En el barrio de Moreras, se construirá un nuevo mercado más grande. Liberando la plaza donde está el mercado actual, y conectando la calle Mayor con plaza de la Iglesia y del Cristo.

Finalmente, en Residenciales Sur, de ubicaran las vivienda expropiadas por la ZAL - zona de actuaciones logísticas – que hace bastante tiempo que están pendientes por hacer. además de un gran número de viviendas de protección pública.

Logrando así una mejor imagen de esta zona de la ciudad de Valencia.


Visión de cómo podría quedar la zona en un futuro. 


sábado, 25 de julio de 2020

El día que nació Valencia (El Plano de Valencia#)

Valentina, la que posee valor. 
Desde que era adolescente que me gustaba escribir historias. Relatos al estilo de las Leyendas de Bécquer, cuentos y quimeras producto de mi imaginación, en busca de dotar de forma e imagen a una vaga idea etérea que iba flotando por mi mente, provocada por la inspiración de cualquier cosa, en cualquier momento. 

Con el tiempo dejé de escribir estos "caprichos" literarios para centrarme en escribir artículos históricos o artísticos relacionados con mis estudios. Pero después de mucho pensar mientras callejeaba por Valencia, y después de encontrar en el fondo de un cajón aquel texto que le escribí a mi amada ciudad, llegué a una conclusión. ¿Que día naciste, mi amada Valencia?

Si vosotros al igual que yo, habéis estudiado latín e historia sabréis que la ciudad de Roma se fundó un 21 de abril del año 735 a.C. Pero nosotros los valencianos lo único que sabemos sobre la fundación de Valencia es que según los Annales Maximi, el historiador Tito Livo nos cuenta que la ciudad de Valentia fue fundada en el año 138 a.C por el cónsul romano Décimo Junio Bruto Galaico, quién tras haber licenciado a sus tropas de las campañas lusitanias contra el famoso Viritato, en recompensa al valor de estos hombres, les otorgó unas tierras en el levante de Hispania.

Un territorio que se encontraba en una isla fluvial, cerca de la desembocadura del río Tyris. Un lugar sumamente estratégico porque por ahí pasaba la Vía Augusta y podían controlas las cuatro antiguas y fieles ciudades ibéricas: Arse, Edeta, Saetabis y Dianium. (Sagunto, Liria, Xàtiva y Denia, respectivamente.)

Así que sabemos el año y el motivo por la que fue fundada la ciudad de Valencia. ¡Incluso se ha encontrado el pozo fundacional de la ciudad! Pero... ¿Qué día nació Valencia? Eso eso es algo que no sabremos hasta que quizás surja algún hallazgo arqueológico nuevo. 

Pero como amante de las leyendas que soy, para mi eso no es problema. ¿Por qué no crear una nueva, aunque sea una mera fantasía anacrónica? 

Callejero en este lugar he escrito diversas leyendas surgidas del colectivo de los antiguos valencianos, pero hoy voy a crear mi propia leyenda. Un simple cuento para olvidarse del calor del verano y que quiero compartir con todos vosotros y... ¡Quien sabe, dentro de 1000 años puede que mis palabras sean tomadas como una leyenda fidedigna! 

 ¡Disfrutadla!





En ocasiones mientras recorro el casco antiguo haciendo fotos, tengo una labor secreta: encontrar el día perfecto para "celebrar" el cumpleaños de Valencia.

Su origen es romano y si seguimos las costumbres romanas, nuestros antepasados lo consultaban todo en libros u oráculos para buscar el día correcto para fundar una ciudad, construir un templo o incluso para ir a la guerra. Pero... ¿ A dónde podría ir yo, a consultar el día para la fundación soñada de mi ciudad? 

Mientras me hacía esta pregunta iba recorriendo la ciudad, pisando su oscura piel de asfalto y me repetía una y otra vez como un mantra ... Valencia, Balansiya, Valentia ¿Que día naciste?

En ese preciso momento, Valencia me contestó. Quizás fue el sol, quizás sería cierto que la ciudad me habló. Fuese lo que fuese, mis pasos me llevaron a un cabo del cual tirar. ¡La lápida que se encentra en el centro de la plaza de la Virgen y su inscripción!



Me detuve en el que antes llamaban corazón de la ciudad y leí traduciendo las primeras palabras que allí yacen esculpidas en la piedra:

« En el año 616 desde la fundación de Roma, en el año 138 a.C. El cónsul Décimo Junio Bruto, a los que habían luchado en Hispania en tiempos de Viriato dio campos y una ciudad fortificada que se llamó Valentia. »

Fije la vista en la palabra labrada de VALENTIA y recordé lo que hace mucho tiempo me contó mi profesor de latín. Que los nombres de las ciudades romanas se formaban con la raíz -ntia y se les añadía palabras como: poder, vigor, valor, favor...

En nuestro caso los soldados que lucharon valerosos contra Viriato, quisieron conmemorar eternamente esa valentía y decidieron tomar el verbo Valens -valor- añadiendo la fórmula del -ntia quedando así el nombre romano de Valentia, el cual vendría a significar "la Ciudad de los Valientes" o "La que posee valor".

Quizás en el momento en que invocaron a los dioses para consultarles respondiera Virtus, la deidad de la valentía y de la fortaleza militar. Quizás en su honor tomaron el nombre de Valentia.

Pero actualmente nuestra ciudad no es pagana, sino cristiana, y no hay un augur, ni oráculo que consultar, para ello tenemos que consultar el santoral para imponer nombre, porque ese es el estilo de los viejos cristianos, poner el nombre del santo del día.

Así que como desconocía el día o festividad en que consultaron los augures romanos a sus dioses, decidí buscar un nombre en el santoral que se le pareciera y cuál fue mi sorpresa. ¡Aparece un nombre y además femenino! muy similar al de nuestra ciudad: Valentina.

Valentina cuyo significado es la mujer valerosa o la que posee valor. Además su origen procede del latín del verbo Valens - valor - la misma raíz etimológica que el nombre de la ciudad. Seguí leyendo sobre ese nombre. El banco fresco de la Casa Vestuario invitaba a reposar la lectura...

« Este nombre posee ciertas cualidades: Valentina es una mujer de carácter
 decidido, valiente, que llama la atención y su estrella brilla con luz propia.»

Ya es bien sabido que desde tiempos antiguos Valencia fue anhelada por muchos.


« Valentina odia las mentiras y las falsedades, la lealtad y 

la fidelidad forman parte de su esencia como persona.» 

De igual manera la ciudad de Valencia fue dos veces leal.


« Valentina es una mujer dispuesta y voluntariosa, 
siempre quiere ayudar a los demás.»


Valencia siempre ha estado para aquellos que venían de fuera, muchos extranjeros fueron acogidos por ella y les ayudó a prosperar y buscar una vida mejor.

« Valentina es una mujer demasiado perfeccionista.»

¡Y que decir de Valencia, desde siempre fue la ciudad perfecta e ideal!

« Valentina es una mujer que necesita que la quieran constantemente.»

Valencia fue esa ciudad nupcial, dos veces desposada: por el Cid de Castilla y por Jaime de Aragón. Ambos la amaron, la veneraron y la agasajaron como un enamorado hace a su amada. 


Ahora que tenía su nombre, solo faltaba localizar su onomástica en el calendario y fue entonces cuando surgió de mi "delirio anacrónico" una fecha: 25 de julio de 138.a.C 

¡El día que se fundó Valentia!
¡El día que nació mi ciudad!


Si lo pensamos, no es un mal día, en pleno verano con el calorcito dan ganas de celebrar fiestas. ¿Por qué no celebrar la fundación de una ciudad? De esta ciudad femenina con el nombre de princesa guerrera, porque Valencia es una ciudad guerrera, una ciudad que ha luchado y ha sobrevivido a todas las épocas, fue pagana, sultana y beta. Activa, vanguardista y atrevida. 

Una ciudad de aquellos valientes antepasados que comenzaron a escribir la crónica "valentina" y fueron desarrollando esta hermosa ciudad creativa, trabajadora, apasionada y entusiasta que tanto ha crecido y que tanto amo.

Valencianos, amante de las leyendas populares y paganas, id al corazón de la ciudad, visitad la Almoina y a vuestro pareced presentar vuestros respetos a Valencia, en su día especial soñado. 

Esto tan solo es un cuento, una quimera surgida de la imaginación de una chica que juega a ser juglar, pero quién sabe... quizás dentro de muchos siglos el cuento se convierta en leyenda, la leyenda en mito... y el mito siempre es un forma bonita de relatar la historia. 

Tal vez dentro de muchos siglos, hoy se celebre el 25 de julio como el día que nació nuestra ciudad. 



martes, 14 de abril de 2020

Cruz de Pinedo (Cruces de Término# 13)


AVISO: La redacción de estos artículos se realizaron durante la epidemia del COVID-19. Están tipo "novelados" imitando un antiguo cuaderno de un viajero del tiempo. Para entretenimiento de un grupo de amigos de Puçol y dedicados a ellos. 



Año de Nuestro Señor 2020, décimo cuarto día del mes de abril.

Afortunadamente el trasiego de los carros de metal es muy poco, razón por la cual puedo ir andando por el linde del río de asfalto negro y cruzar el puente de ese nuevo río.

Ahora solamente me espera un largo camino, bordeando el río hasta el mar. A la altura por donde he cruzado, el agua marítima alcanza hasta ese puente, da la sensación de que por el río fluye el Turia. Pero no es así, eso el Mediterráneo explorando tierra adentro.

Camino con mucho cuidado por la zona de tierra entre los taludes del río y la vía de los carros de metal. A cada paso que doy, voy viendo cómo las plantas asilvestradas crecen más grandes y verdes, tal vez por la humedad del lecho del río.

Tengo la sensación de que estoy en el campo, pero lo cierto es que no es así, entre las hierbas de este camino improvisado encuentro basuras como las de ayer, y eso me entristece. ¿Será que no hay un trozo de tierra en Valencia en el que no haya basuras?

El agua marrón verdosa que había visto al principio de mi caminar, poco a poco se va viendo más azul, indicando que hay un poco más de profundidad y de agua. El cielo azul claro, salpicado con alguna nubecilla de algodón, se refleja sobre la superficie.

Oigo el sonido de las gaviotas que ascienden por el cauce en busca de algo de comer en las aguas o entre las plantas, algún bicho que se convierta en su manjar matutino.

Encuentro un tramo del camino en el que, con cuidado, tengo que pasar rozándome entre las gramíneas secas, cuyas espigas se agitan haciendo un ligero sonido similar al siseo de una serpiente. Por el otro costado, baladres de flores blancas y rosas. Observo cómo las hojas están cubiertas de ese líquido viscoso venenoso. Pasados los grandes setos, mis pies se encuentran con grandes pedruscos blancos.

Camino intentando no tropezarme, pues no puedo evitar caminar mientras la vista la mantengo en el río y sus aguas, que hoy tienen un bonito color turquesa. Los setos de baladre cada vez se hacen más numerosos. Agradezco haberme tomado el medicamento para la «maldición de primavera» que hace poco he descubierto que sufro.

El solecito de hoy invita a caminar, la peregrinación está siendo agradable. Observo las edificaciones cada vez más extrañas que voy viendo, son una especie de entramado de vigas blancas de hierro o edificios en forma de arca. Al fondo veo unas grandiosas grúas, similares a aquellas que vi una vez durante la construcción de una catedral.

Encuentro un puente de obra moderna, que sobre el río pasan rápidamente un par de carros veloces. De ladrillo y hormigón. A su sombre me detengo un momento y extraigo de mi saco de pertenencia el plano de ruta para consultar cuánto me falta para poder llegar a la próxima cruz.

Apenas falta un trecho para llegar hasta ahí, sólo unos cuantos metros más. Tomo un sorbo de agua de la calabaza transparente y continuo mi caminar.

Me asombro al descubrir que, nada más pasar el puente, ya no hay baladres ni vegetación alguna, parecen haber sido arrancados. Aunque sean malas hierbas o plantas venenosas, con sus flores y verdor proporcionan frescor, es agradable su contemplación, nos liberan de la opresión de la ciudad, no me gusta que las hayan quitado. La sensación de exposición a los carros de metal va en aumento. Me gustaba sentir la protección que me daban las plantas.

Unos cuantos metros más adelante encuentro árboles, varios árboles que crecen al borde de los taludes del río. Sus pequeñas hojas verdes brillantes se mueven tiernas con la suave brisa marítima que llega hasta ellas. El suelo está lleno de pequeñas manchas de sombra que dan frescor a la travesía. Paso a paso, nos vamos acercando un poco más. Las tripas empiezan a rugir con hambre. Debe ser ya hora de almorzar, voy buscando una sombra de esos arbolitos para poder comer, y es cuando descubro una higuera con sus olorosas hojas verde oscuras, ese aroma como de miel que desprende hace que se me abra el apetito.

Saco del interior de mi bolsa unas viandas de viaje y con la navaja voy cortando pequeños trozos que voy ingiriendo, mientras doy pequeños sorbos de agua. Contemplo el cauce del Turia que parece un auténtico río, llego de banda a banda con agua, sobrevolado por los pájaros. Recojo mis cosas y me pongo en pie, es momento de continuar un poco más adelante.

Seguimos caminado, el linde del río ya no tiene plantas, ni arbustos, sino que crecen en las paredes de los taludes, debe ser que sus raíces se extienden para tomar el agua de fluye por el cauce, tal vez hagan acción desaladora y puedan beber de ella sin tener problema alguno, la naturaleza es muy sabia.

Es curioso, durante estos días de confinamiento en que la gente no ha podido salir de sus  hogares, he estado mirando en la peregrinación que son muchos los animales que han tomado las calles o zonas en las que antes no podían deambular porque se asustaban del hombre. Las plantas hacen lo mismo, una vez que el hombre abandona un lugar, ellas se extienden para cubrir las obras artificiales que este ha realizado, recuperando lo que en un pasado le fue suyo.

Me encuentro otro puente, esta vez muy ancho, tan ancho que hace de «establo» para algunos de esos carros de metal, que aparecen parados en las sombras, paso rápidamente por su lado, pues no me gustan mucho. El final de la vía para ellos ha acabado y se extiende una larga calle donde aparecen varados carros de diferentes colores y formas. Unos más grandes, otros más pequeños. Más altos, más bajos, más estrechos, más anchos. Además, también hay alguno de esos extraños «caballos» de metal en los que sus jinetes protegen sus cabezas con yelmos semejantes a huevos de colores.

Cruzo un puentecillo que salva la acequia del canal y llego al final a la playa de los perros de Pinedo, playa en la que hoy no hay ningún galgo corriendo en busca de palos. Solamente se alza la cruz, la cruz por la que hoy he llegado hasta ella.

No tengo prisa ni estoy en mal lugar, por eso con calma busco un sitio donde sentarme y me relajo durante unos minutos, me quito las botas para descansar los pies y que les dé el aire y el sol. Además, aprovecho para quitarme también los vendajes y que se sequen un poco las llagas. Saco el pliego de papel y el pequeño carboncillo y me pongo a trazar lo que ven mis ojos. Una cruz que se levanta sobre una base de cuatro gradas octagonales y una columna de la misma índole. En el capitel, sencillo, están tallados los escudos coronados de la ciudad de Valencia.

Ilustración: Isabel Balensiya

No me extraña lo más mínimo descubrir que la cruz original se ha perdido, seguramente durante algún conflicto bélico, o por algún acto vandálico, y que la actual data de 1995, obra del escultor valenciano Jesús Castelló.

La forma como las antiguas, con brazos trilobulados en cuyo anverso encontramos a Cristo crucificado y en el otro lado a la Virgen María. También aparecen unos ángeles entre las nubes. Una bonita cruz.

Guardo el dibujo en la bolsa y me quedo ahí disfrutando del sol y de la brisa marítima. Esta vez sí me arriesgo a quitarme el cubrebocas y permito que mis pulmones se inunden con la brisa fresca del mar, abriéndolos y haciéndonos coger el aire que necesitamos para proseguir nuestro caminar.


 -----------------------------------------------------------------------COMENTARIOS DE LOS AMIGOS DEL GRUPO CLUB DE HISTORIA DE PUÇOL
14 de abril 2020. Capitulo: Pinedo

Maria Jesús: Encantador como siempre el relato

María Esperanza: precioso.


Cruz de la Pista de Silla (Cruces de término#12)


AVISO: La redacción de estos artículos se realizaron durante la epidemia del COVID-19. Están tipo "novelados" imitando un antiguo cuaderno de un viajero del tiempo. Para entretenimiento de un grupo de amigos de Puçol y dedicados a ellos. 

Año de Nuestro Señor 2020, décimo tercer día del mes de abril.

El sabor de la torta de nueces y pasas aún perdura en mi boca, mis manos aún conservan el aroma de la naranja. Ese ha sido mi desayuno de este día de hoy.

Después de hacerlo me he puesto el ungüento de caléndula en mis manos y mi rostro, para evitar la irritación de los guantes y el cubrebocas. Suspiro con fuerza mientras me los coloco de nuevo, otro día más que hay que protegerse de esa epidemia que parece que se ha quedado a vivir en Valencia.

El último mes podría haber salido de un versículo del libro del Apocalipsis, con sus jinetes sembrando el caos por donde pasan. El tiempo tampoco parece acompañar, es cierto que ayer hizo ese sol típico de Pascua, pero hoy vaticina el céfiro que volverán a rasgarse las nubes y a caer frías lágrimas en este triste mes de abril. ¡Qué diferencia con el año pasado! Cuando había ido en peregrinación por diversos monasterios de Valencia y Castellón.

Recuerdo con nostalgia aquellos maravillosos días de sol y libertad. Aguardando la esperanza de que pronto podrán volver. Ansío con ganas poder bañarme en el mar por San Juan y hacer los rituales tradicionales de esa noche mágica.

Pero, por ahora, tocar ir en peregrinación buscando las santas cruces del término de Valencia: una vez que cerremos el circulo, la energía y la protección caerán sobre nosotros.

Saco el mapa de la ruta para consultar el plan establecido para hoy, la llamada Cruz de la Pista de Silla. Por la ubicación en la que se halla seguramente que será de factura nueva, por aquello que nos contó el párroco de San Isidro, cuando Valencia mandó construir un río nuevo para su ciudad.

Sonrío levemente. Si algo bueno tenemos los valencianos es que sabemos salir bien de las desgracias que nos acontecen. El Turia se desborda y una devastación de agua y barro destroza la ciudad. El primer día, asustados, observamos los daños; el segundo día, enterramos a nuestros muertos, y al tercer día, resucitamos la ciudad, y si para ello tenemos que desviar un río que parte la ciudad desde época romana ¡lo hacemos!

Porque los valencianos juntos pudimos hacerle frente a la desgracia y pagarlo orgullosamente con ese pequeño tributo adicional que adjuntamos en las misivas que durante más de veinte años. Tal vez, aquello solo fue un pequeño pellizco. Pero en tiempos malos nos alimentamos de historias y creamos la leyenda de los llamado sellos del Plan Sur y cómo, con ellos, pagamos un río grandioso.

Muchos años después hemos hecho algo similar. Creamos el Hospital la Fe, uno de los más importantes del reino, con prestigiosos médicos que nos han ayudado en nuestros males. Ese hospital se quedó pequeño como el río y por eso que se construyó el nuevo Hospital la Fe, de mayor capacidad: el edificio que ahora ven mis ojos.

Aunque no soy mucho de recorrer hospitales, no puedo negar que es un gran recinto, muy bien dotado de instrumental médico y personal cualificado. Con esos médicos que a día de hoy están luchando a «capa y espada» con esta epidemia, un duelo a muerte para arrebatarle al enemigo la corona. Por eso creado un pequeño, pero gran hospital de campaña en el solar de frente al hospital.

Mi sangre valenciana está orgullosa, al saber todo esto que me han contado y que ahora pueden ver mis ojos. Camino tan deprisa como pueden mis pasos, pues no quiero molestar a la gente que ahí trabaja, pero tengo que bordear el hospital provisional para llegar a mi destino.

Mis botas pisan el polvo del camino, ya es terreno de «huerta» por decir algo, son terrenos a los que los edificios en forma de arca no han llegado. Me alegro, pues no me gustan, prefiero las casas de campo con su pequeño terreno alrededor.

Un rótulo metálico me avisa de que pronto llegaré a la «Autovía de Alicante con la avenida de Ausias March». Miro a los pies y veo que hay dientes de león amarillos, y algunos han cambiado la flor por esa espumosa pelusilla. Me agacho y recojo uno de ellos con cuidado, para que no se deshaga, igual que hacía en mi infancia. Cierro los ojos, pido un deseo acorde con el ambiente de estos días, y soplo con todas mis fuerzas… me quedo mirando cómo la pelusa se difumina en el cielo gris, mientras me pongo de nuevo el cubrebocas.

Las hierbas del camino me dan alegría: pequeñas con sus florecillas unas, otras largas hojas y algunas de más allá espinosas. Tuerzo a boca con disgusto al ver desechos por todos lados, ensuciando el suelo. Botellas de vidrio, esos cilindros metálicos que llevan zumo de frutas y hacen cosquillitas en la garganta, estuches de papel donde van esos canutos que se prenden y su humo huele mal, y otras cosas que no comprendo que son.

Estúpido es el hombre. La criatura más insensata, pues venera a un dios invisible y masacra una naturaleza visible, sin saber que esta naturaleza que él masacra es el dios invisible que él venera.

Sufro cuando veo basura en el campo, y son muchos los pasos que he dado por el campo, contemplado esta falta de respeto que le ofrece la gente. Ignoran que la Naturaleza nos hace el regalo más grande de todos: la vida, el resurgir una y otra vez.

Pero nosotros cargamos con esa cruz: no entender las cosas sencillas que nos rodean. Rodeo el baladre de flores blancas evitando rozarlo, pues es sumamente venenoso y, después de la «maldición de la primavera», prefiero no sufrir también de un envenenamiento. Aun así, es hermoso verlo y está enorme decorando la base de la cruz, que, como bien he intuido, es moderna.

Me siento en el suelo, resguardándome de las corrientes que hacen los carros de metal, sobre los ríos de asfalto negro, y saco un pliego nuevo para dibujar. Tendré que darme prisa en acabar la peregrinación, pues ya he consumido más de la mitad de mi carboncillo.

Ilustración Isabel Balensiya

Es muy sencilla de dibujar, no le añado mucho detalle. Apunto la descripción de obra de Antonio Sacramento. Sobre un pedestal se eleva un Cristo crucificado en forma «extraña», semeja como un lazo deshecho. Está realizado en hierro patinado en oro. En la base, una esfera de piedra con el escudo de la ciudad y una fecha: 3 de mayo de 1965.

Apenas pasan carros por las vías, así que me quedo con las piernas cruzadas sobre la tierra ante el crucifijo, mirando esas cintas de metal entrecruzadas, con los ojos entrecerrados, en un acto subconsciente de poder hallar la imagen de la divinidad. Unos minutos en señal de respeto, de devoción, de dar gracias por todas las vivencias ocurridas estos días y por la suerte que he tenido hasta llegar hasta donde estoy hoy y ser quien soy.

Observo el mapa y calculo la ruta que aún me queda por seguir, ya falta poco para llegar al final, para volver a ver brillar el sol de un nuevo amanecer.

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COMENTARIOS DE LOS AMIGOS DEL GRUPO CLUB DE HISTORIA DE PUÇOL
13 de abril 2020. Capitulo: Pista de Silla

Merche: Precioso.

34 653 99 ** **: Hola buenos días no hablo mucho pero me gustan mucho tus historias estoy esperando todos los días.

Josefa: Gracias Isabel, espectacular... Me ha encantado el párrafo de Estúpido es el hombre.....

Manoli: Gracias Isabel

Pilar Alberti: Gracias Isabel.

MJ: Precioso Isabel

Enriqueta: Me ha gustado mucho tu reflexión de hoy acerca del maltrato que el hombre da a la Naturaleza.Ojalá reconsideremos nuestra pésima actitud y aprendamos a respetarla más.Gracias por tu hermoso y significativo relato de hoy.Hasta mañana,Isabel

Rosa Ruiz: Gracias Isabel




Cruz cubierta del Camino de Xàtiva. (Cruces de término#11)


AVISO: La redacción de estos artículos se realizaron durante la epidemia del COVID-19. Están tipo "novelados" imitando un antiguo cuaderno de un viajero del tiempo. Para entretenimiento de un grupo de amigos de Puçol y dedicados a ellos. 

Año de Nuestro Señor 2020, décimo día del mes de abril.

He pasado toda la mañana de ayer y la noche en la casa parroquial. Los síntomas del día anterior han empeorado. No sé cómo sentirme. Feliz por no haberme infectado por la epidémica, pero con tristeza, pues tengo un mal aún peor. Algo que, según me ha comentado un vecino galeno del párroco, se llama alergia de primavera.

Tengo que aprender a convivir con un mal que se ha apoderado de mi cuerpo: me afecta respirar el aire de la primavera impregnado del aroma de las flores. ¡Maldición! ¿Dónde quedarán mis paseos por el campo?

El galeno me ha dicho que no me preocupe, que existe una medicina que evita que sientas los síntomas de la alergia. Me ha dado un pequeño paquete y me ha enseñado cómo debo tomarla.

Ahora ya es momento de continuar con la ruta. Consulto el plano, la siguiente cruz no está muy lejos, pero aun así es un buen paseo. La zona no es nada bonita, o por lo menos a mi parecer. Solamente son viviendas de esas en forma de arcas cuadradas, pero de muy baja calidad, la gente que vive en ellas son gente de bajos recursos económicos, en las afueras de Valencia.

Y, según he oído decir al galeno, en ciertos callejones a ciertas horas se puede encontrar «medicinas» y unas hierbas «marianas» que te pueden ayudar con los males del alma. Pero los mercaderes que las venden —que también deben comercializar con camellos— no son gente de fiar. Que mejor no hable con nadie, si es que eso es posible, pues es poca la gente que veo en mi caminar.

Vuelvo a pasar por el rebaño de esos transportes gigantes y rojos. Me han dicho dicho que se llamaban «autobuses» y sirven para trasportar a las personas por la ciudad. Lo que yo pensaba: suben allí arriba como si fueran borregos en un carro. Creo que será mejor no aventurarme a tomar uno de ellos.

Paso de largo y sigo caminando junto a unos muros; a mi izquierda, hasta donde se pierde la vista, hay un muro alto de piedra y ladrillo con los escudos labrados de la ciudad de forma simplificada. Sobresalen de lo alto del muro unos cipreses que agitan sus puntas con la ligera brisa. Mis ojos rápidamente empiezan a llorar y mis pulmones se siente muy pesados.

Sigo y sigo caminando hasta que puedo doblar la esquina de ese muro. No me sorprendo cuando veo más muro idéntico y sigo caminando, bordeándolo, pues al fondo de la calle, ya veo algún edificio de viviendas.

Finalmente, descubro que ese muro es el muro al que tienen tanto miedo las personas, es el muro que guarda las Villas de Reposo Eterno; sobre la puerta, con la reja que representa una lechuza, puedo leer el rótulo, un escalofrío me recorre por dentro: «Cementerio Municipal de Valencia».

Cruzo la calle sin pensar, para alejarme de ese lugar, y me enfrento a la puerta de una tienda de flores que a mi agradecer apenas tienen en las vasijas azules, solo unos claveles y unas rosas, salgo corriendo por un callejón denominado Tomás de Villarroya.

Ha sido salir de la sartén para caer en las brasas. Es un campo: mis ojos comienzan a emborronarse la vista por las lágrimas y toso con fuerza. Me tropiezo y caigo al suelo, la nube de polvo se levanta levemente a mi alrededor y estornudo. Me froto las rodillas me escuece la herida. 

Aún queda un poco más para salir a un ancho rio de asfalto negro, con árboles y zonas de jardín por las sendas de los viandantes. Busco las líneas blancas del suelo y las salto en cuanto el farol se prende en verde. Llego a un pequeño parque con un camino sinuoso y consulto el plano de nuevo. Solo tengo que seguir la calle de Tomas de Villarroya hasta el final.

No termino aun de recorrer la calle cuando veo ante mí la Cruz Cubierta del Camino de Xàtiva, más conocida por la gente del barrio como la «Creu Coberta».

Se encuentra en medio de una vía para carros de metal. No me atrevo a cruzar hasta allí, así que desde la zona donde me hallo saco un pliego de papel y lo apoyo sobre la fachada del edificio que tengo a mi vera. Comienzo a trazar rápidamente el boceto de lo que ven mis ojos.

Ilustración: Isabel Balensiya. 

A continuación, añado la descripción de todo: Obra gótica realizada en 1376 por un autor desconocido. Joan del Poyo y el tallista Johan Llobet, en 1432, la renovaron por petición de la Fábrica de Murs e Valls.

En el siglo XVI, el templete volvería a ser restaurado y, en 1898, José Aixá realizó una reconstrucción completa de la obra. Es de bóveda gótica de crucería octopartita, la plementería se decora en color blanco y dorado en la línea de los nervios. En su origen, policromada por Nicolás Querol.

El tejado es de chapitel de teja vidriada roja y azul. Los arcos son ojivales, en la clave de la bóveda el escudo de la ciudad. Cuatro contrafuertes sujetan el casalicio.

Sobre una basa circular, tenemos el pilar octogonal de la cruz, que es de piedra con adornos tallados figurativos, muy del estilo gótico-renacentista. Aparece la iconología clásica de la Virgen y San Juan. También Dios con dos orantes a los pies. Además, en el capitel hay santos y escudos de la ciudad coronados.

Camino calle abajo hacía la avenida que anteriormente he dejado; una vez ahí, sigo caminando en recto, hacía el este por la calle llamada Fernando Abril Martorell. Según el plano, está muy próxima la siguiente cruz, pero tal vez antes busque un lugar donde descansar unos minutos, comer algo y tomar el medicamento para este nuevo mal que me persigue.

Miro al cielo y tengo fe de que esto pronto acabe.


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COMENTARIOS DE LOS AMIGOS DEL GRUPO CLUB DE HISTORIA DE PUÇOL
10 de abril 2020. Capitulo: Camino Viejo de Xàtiva

Chimo: Es increible la gran cantidad de datos historicos y arquitectonicos con que documentas tus visitas a las cruzes y los mil detalles que nos ofreces en tu rrecorrido, como el de la lechuza a la entrada del cementerio, maravillosos tus relatos.

Pilar Alberti: Genial. Isabel.

Pilar Aznar: enhorabuena Isabel
Rosa Ruiz: Bravo Isabel!
Susana: Gracias Isabel.
Mati: Gracias
Chimo Collado: Un aplauso Isabel
Enrriqueta: Muchas gracias por la compañía tan interesante de tus relatos.No me canso de leerlos y hasta mañana.
Mari Carmen: Bravo
Angeles Varona: Genial Isabel

Cruz de Mig Camí (Cruces de término#10)


AVISO: La redacción de estos artículos se realizaron durante la epidemia del COVID-19. Están tipo "novelados" imitando un antiguo cuaderno de un viajero del tiempo. Para entretenimiento de un grupo de amigos de Puçol y dedicados a ellos. 

Año de Nuestro Señor 2020, noveno día del mes de abril.

Con un sobresalto me despierto del banco de la plaza de la cruz de Mislata. El corazón me bombea con fuerza, noto cómo la sangre fluye por debajo de mi piel. Hago un ademán de llevarme las manos al rosto, pero están cubiertas con unos guantes blancos, del mismo color que el cubrebocas. La furia crece en mí por momentos, de un fuerte tirón me arranco los guantes y los lanzo lejos de mí, sobre el pavimento, al igual que la cubrebocas. Me froto, me froto con ganas la cara. Quiero lavármela y encuentro a unos cuantos metros de mí una fuente en la plaza; por suerte, tiene agua.

¿Hasta cuándo tenemos que vivir con esto? Siento que me va a estallar la cabeza, me tiembla el ojo derecho…

Me hago un pequeño masaje en la base del cuello. A continuación, muevo los brazos como su estuviera nadando en el rio y me froto la parte baja de la espalda. Mis riñones están cansando de soportar la carga del saco con mis pertenencias de viaje.

Suspiro con fuerza, queda menos de una semana para acabar el peregrinaje. Por haber visitado todas y cada una de las cruces de término que tiene la capital del Turia.

Busco las escaleras, las bajo nuevamente para salir a la vía de los carros y continúo recto por ella, hasta llegar a una mucho más ancha. Leo el letrero azul sobre la fachada de un edificio «Carrer Nou d’Octubre». Debe estar próxima.

Sonrío con desgana al ver cómo no he errado, allí en una esquina está la «estación» o como me gusta llamarlo: el embarcadero del gusano de metal. Bajo los escalones despacio, pues no me quiero coger a la barandilla, aún no llevo los guantes puesto. Me paro en unos escalones y tomo aire con fuerza, me cuesta tomarlo y toso un poco.

Por instinto, me llevo la mano al pecho, para calmarme. Tomo aire muy lentamente y lo expulso despacio. Toso de nuevo. Me llevo la mano a la frente, parece que no tengo fiebre.

Dios ¿por qué este malestar? Llego a la entrada de la madriguera y busco la fuente de las estampas donde comprar otro pasaje para las entrañas de la bestia. Antes rebusco en mi saco, saco la caja de papel grueso y extraigo un par de guantes que me coloco no sin esfuerzo. Siento cómo me pesan los pulmones.

Rebusco en mi faldriquera para sacar un maravedí y medio de esas extrañas monedas. Coloco la estampa en la ranura del artefacto, y toco el vidrio con inscripciones. La luz brillante y blanca me hiere los ojos y comienzan a lagrimear, parpadeo varias veces para retirar las lágrimas. Con el desdén de un gato viejo, voy dando manotazos a las indicaciones de la pantalla, finalmente con satisfacción veo el letrero de «imprimiendo billete».

Cojo la estampilla y la hago pitar sobre el murete de metal para que me ceda el paso al interior del embarcadero. Hay dos tramos de escaleras, uno de piedra como los de toda la vida, el otro son esas que se mueven solas. No tengo prisa, así que piso sobre el primer peldaño de metal y dejo que me lleve hacia abajo.

Un escalofrío me recorre el cuerpo, la cabeza la siento como si tuviera un tamborilero dentro de ella. Tengo que esforzar los pulmones a que se hinchen tomando aire.

¿Será posible que haya enfermado en ese rato sin la protección facial? Toso con fuerza, un par de veces. Hay tres personas que se alejan de mí.

Acabo de caer en la cuenta de que me he metido en el tren subterráneo sin mirar siquiera dónde tengo que bajar. Me acerco a uno de los extraños tapices de colores de la pared, el señor que está junto a él apoyado me mira horrorizado y huye de mi presencia. Debo de hacer mala cara, lo sé. Vuelvo a toser. Masajeo las sienes buscando así un reposo momentáneo del tamboreo mental.

¡Maldición! Tengo que abordar otro tren. Pienso en el chico que me ayudó en aquella ocasión, ojalá estuviera aquí. Sobre todo, hoy que no tengo la cabeza para pensar mucho. ¿Qué me estará pasando?

Según el tapiz de rutas, tengo que coger el primer «tren» para llegar al embarcadero llamado Ángel Guimerà. Una vez allí, hacer transbordo y tomar otro de la ruta amarilla, para llegar a Sant Isidre.

Llega por fin el gusano de metal y me introduzco en él. Unos pocos minutos después estoy bajando en el embarcadero del arcángel ese. Espero que me proteja, porque me siento empeorar por minutos.

Un rótulo me indica que tengo que subir las escaleras en busca de la ruta amarilla. No hay absolutamente nadie. Echo muchísimo de menos la compañía de mis amigos.

El tener que subir y bajar escaleras hace que vuelva a toser en reiteradas ocasiones. Busco la calabaza de agua del saco, me quito el cubrebocas y bebo unos cuantos tragos, poco a poco con cuidado, he descubierto que me duele la garganta al tragar.

Siento la corriente de aire que hace la bestia cuando recorre sus galerías subterráneas, guardo la cantimplora en el saco y me subo en el tren.

No hay absolutamente nadie. Ni un alma. Ni siquiera esa gente sarracena que me da repelús encontrarme por la calle. Miro el cartel, tengo que bajar en el quinto apeadero.

No hay absolutamente nadie. Necesito sentir compañía y lo único que hago es derrumbarme, lloro, lloro en silencio, como si eso me fuera a importar, si no hay nadie que pueda verme. Los ojos me arden, en la cabeza siento que me trota un caballo al galope, y los pulmones parecen no querer hincharse del peso de la ropa que parece oprimirlos.

Cierro los ojos, unos minutos de descanso, por favor.

«Sant Isidre», nombra la dama invisible. Abro los ojos y recojo el saco del suelo, me lo cuelgo del hombro y salgo al andén. Miro para la derecha, para la izquierda, por fin hallo la escalera para salir a la calle. Tal vez el aire fresco me ayude a despejarme, siento como si fuera a desmayarme.

Consulto el mapa de ruta y veo que sólo tengo que caminar recto por una calle hasta llegar al pequeño jardín de una iglesia.

Ya llevo medio camino hecho cuando veo unos inmensos carros de metal rojo y muy largos. Están dispuestos como un rebaño de ovejas. Sobre uno de sus costales unas iniciales en blanco: EMT. ¿Podré viajar en ellos algún día?

Unos pocos metros más adelante y llego al jardín. Busco dónde sentarme, vuelvo a toser. Saco un pañuelo de mi bolsillo y me limpio las lágrimas de mis ojos. Me pican mucho. Extraigo el pliego de papel y me pongo a dibujar. Afortunadamente, la cruz de hoy es fácil de trazar. En un fuste octogonal, alzado sobre una grada circular de tres escalones, se levanta una pequeña cruz de hierro forjado que rinde homenaje a sus compañeras desaparecidas. Hay una placa con el año de creación.

Ilustración: Isabel Balensiya 

Apenas estoy acabando cuando se ha acercado un hombre mayor, y me ha preguntado si me interesaba la cruz. Al decirle que sí, me ha dicho esta cruz no está en su lugar original. En un principio se hallaba en el Camino Viejo de Torrente desde 1556, sufrió en la llamada Guerra Civil Española y que su nuevo lugar se debe a que la restituida en la década de los años 40, fue derribada por las obras del nuevo río Turia. La que he estado dibujando data de 1975, pagada por los festeros del Santísimo Cristo de la Fe del barrio de San Isidro.

La parroquia que tengo delante de mis ojos está protegida bajo la titularidad de San Isidro Labrador, el hombre mayor me ha invitado a pasar, pues es su párroco. Yo se lo agradezco. Recojo mis bártulos e intento a la vez ahogar las ganas de toser en el brazo cubierto con mis ropajes. Expiro con fuerza aire.
Espero mañana poder continuar mi recorrido…

COMENTARIOS DE LOS AMIGOS DEL GRUPO CLUB DE HISTORIA DE PUÇOL 9 de abril 2020. Capitulo: Mig Camí

Mari Carmen: Q imaginación tienes

Enriqueta: Espero que el peregrino tenga fuerzas para continuar con su misterioso viaje.Hasta mañana,Isabel,con tu nueva y entretenida historia.Gracias

Pilar Alberti: Precioso relato!!Pero temo de que te has infectado.