La Valencia Oculta




Muchos viajeros que llegaban a Valencia se asombraban de lo supersticiosos que eran los valencianos y su utilización de amuletos colgados en el cuello o cosidos entre sus ropas. Valencia era una ciudad muy esotérica. 

Voltaire dijo en una ocasión: La superstición es a la religión como la astrología a la astronomía, la hija muy loca de una madre muy sabía. 

La superstición en tierras valencianas ha existido desde muy antiguo, se tiene constancia ya de estas prácticas ocultas desde la época islámica. Los valencianos musulmanes fabricaban amuletos y talismanes para protegerse de los malos espíritus: bolsitas de tela rellenas de hierbas con propiedades curativas y mágicas, trocitos de tela con frases del Corán para protegerse de envidias o del mal de ojo.

También forjaban pequeñas figuritas o símbolos en metales preciosos que en forma de brazaletes o colgantes los protegían de los males que recorrían las calles de Valencia. 

El famoso médico Arnau de Vilanova (1238-1311) escribió diversos tratados donde fue recogiendo las creencias populares de los valencianos medievales - ya cristianos para entonces - en esos escritos nos habla de maldiciones hechas con vísceras de animales, escritas con sangre de murciélagos, o hechizos de peor fin hechos con la aguja con la que se cosía el sudario de un cadáver. También sobre como anular los encantamientos que tus vecinos te echaban sobre ti, alimentándote de cierto alimentos cocinados de forma especial, llevar entrañas de animales contigo o coser en tus ropas amuletos fabricados en coral o poner campanitas por las casas o pintarlas de color azul para protegerse del mal. 

Durante estos siglos medievales llegó a nuestra ciudad las prácticas esotéricas de otras ciudades de Europa mezcladas con los recuerdos de las prácticas islámicas. Clandestinamente los valencianos en nuestras calles podían conocer de horóscopos, filtros de amor, amuletos, talismanes... Era una Valencia oculta. 

Los valencianos para protegerse de esas creencias malignas que rondaban sus pensamientos, se decantaron por los sortilegios que se divulgaban oralmente por los rincones. Estas creencias se hacían por personas incluso creyentes y temerosas de Dios que acompañaban estas prácticas con estampas religiosas, crucifijos y cirios. 

Las costumbres funerarias eran acompañadas de velas, no eran de carácter mágico, sino que decían que la luz que desprende una lámpara iluminaba las tinieblas alejando los peligros, las desgracias o incluso la propia muerte. 

Otra de las costumbres era la de poner una vela al lado de la cuna del recién nacido, hasta el día del bautismo para protegerlo. Ese empleo abusivo de las velas fue un tema de preocupación por las autoridades y limitaron su uso a unas pocas ceremonias religiosas. Para controlar estás prácticas que ocultas se hacían por toda la ciudad. 

El santo tribunal de la Inquisición instaló un palacio de justicia eclesiástica donde poder juzgar a todas estas personas. Los temas más comunes eran los de encantamientos, adivinamientos, hechizos y demás artes mágicas. Castigando a los que las practicaban. 

El 5 de julio de 1410 los Jurados de la Ciudad de Valencia dictaminó la siguiente sentencia: 


Está prohibido, establecido y ordenado, que persona de cualquier ley,
secta, condición estamentaria recurra a adivinos y adivinas, encantadores,
sortileros o conjuradores o artes de mal saber o arte reprobado, para saber
o pedir consejo o ayuda, de cosas perdidas y escondidas, por otra razón o 
especie de adivinanzas, encantamientos. Incluso por recuperar la salud
o medicina de cualquier persona, que contratara o encargara los maestros,
adivinos o adivinas, encantadores, sortileros o conjuradores de recorrer 
la ciudad todo desnudos, recorriendo diversos puntos de la ciudad y 
multados con 50 monedas de plata. 

Aquel que adivinara, o hiciera encantamiento, sortilegio, o usara artes
reprobadas, nigromancia o invocaran a los demonios por cualquier razón
que sea, serían multados con 50 monedas de plata y azotados por la ciudad.
Y si el crimen era grave para mayor pena serían juzgados por la Justicia y el 
Consell de la ciudad de Valencia. 


Los valencianos ocultamos secretos. Secretos que no eran más que conocimientos que unos pocos sabían, prácticas de brujería, hechicería, objetos de protección y otras prácticas mágicas. 


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