lunes, 10 de mayo de 2021

Cuando la Perla del Turia perdió sus joyas.

Primer plano de la Virgen de los Desamparados.
Fotografía: © Instituto de Conservación
Restauración e Investigación
IVC+R

Hoy hace 80 años de la segunda coronación de la Virgen de los Desamparados, loada por los valencianos como Perla del Turia. Tal día como hoy el arzobispo de Valencia le puso sobre su cabeza la corona que hoy luce y que nosotros conocemos, además de tornársele de las joyas que habían sido arrancadas de sus ropas.

El 16 de febrero de 1936 en las elecciones generales de España, ganó el Frente Popular de Izquierdas Manuel Azaña, sucediendo a la presidencia republicana de Alcalá Zamora. Comenzaron las huelgas, los desordenes públicos, los incendios de las iglesias, conventos y todo se sumergió en un gran caos y el pánico llenaba las calles.

En la ciudad de Valencia los anarquistas y extremistas de izquierdas iniciaron la quema de iglesias y conventos. El 19 de junio ardió la primera: la iglesia de los Santos Juanes. Le prosiguieron en 21 de junio los incendios en la Catedral, la Basílica de la Virgen, San Martín, San Bartolomé, San Agustín y San Valero de Ruzafa.

Horas antes del incendio en la Basílica de la Virgen, algunos sacerdotes pudieron celebrar una misa a puerta cerrada. Entre los presentes se encontraban particulares armados y sacristanes que atrancaron las puertas. Un grupo de extremistas que salían de incendiar la Catedral comenzó a forzar las puertas de la Basílica, y al no poder, tomaron unas vigas de madera y las emplearon como arietes logrando penetrar en el interior.

Incendio dentro de una iglesia

Amontonaron los bancos y prendieron una hoguera que pronto se extendió por todo el interior del templo, cuando las llamas estaban alcanzando el nicho donde está la Virgen de los Desamparados, apareció milagrosamente, una sección de la Guardia Civil a caballo, al mando de ellos estaba el capitán Uribarry, que, pese a sus ideas anarquistas, despejó el templo de incendiarios, facilitando a los bomberos apagar el fuego.

Fue decisiva la actuación del alcalde republicano de Valencia, un abogado llamado José Cano Coloma, que dio órdenes a la fuerza, tanto del orden como a los municipales para que actuasen.

Ello hizo posible que no hubiera más daños dentro de la Basílica de la Virgen y se salvara la histórica y venerada Imagen, cuya cara había sido destrozada por los tres proyectiles que le dispararon y las llamas del fuego. La habían despojado ya de su corona, mandorla, y buena parte de sus joyas.

Estado en que se quedó la Imagen de la Virgen

Apagado el fuego y despejado el humo, pudieron advertir que parte de las joyas de la Virgen están esparcidas y desparramadas por el suelo. Los sacristanes y algunos guardias civiles recogieron una por una las alhajas que se habían salvado de las manos de los saqueadores y las metieron en cajas de puros del estanco de la plaza y las precintaron.

Por si acaso regresaban de nuevo los revolucionarios a proseguir profanando el templo, durante todo el día la Guardia Civil permaneció dentro de la Basílica, reforzada en el exterior por una sección de caballería, que no dejaba acercarse a nadie al recinto.

El alcalde Cano Colomer republicano, ideó como salvar la Virgen, consciente del valor histórico y sentimental que tenía para los vecinos de Valencia. Decidió llamar al presidente de la Cofradía, el señor Carrau, para buscar una solución y al final optó por esconderla en el propio Ayuntamiento, a fin de salvarla de manos maliciosas y la destrucción.

Esa misma noche, un camión municipal y escoltada por la Guardia Civil, la imagen fue llevada hasta el Ayuntamiento, dónde fue ocultada dentro de un armario tabicándolo. El alcalde quiso hacer las cosas bien y llamo a un joven notario, Enrique Taulet y Rodriguez para que levantara acta del depósito de la Virgen en el Ayuntamiento y de las pocas joyas que se habían salvado, descritas en el acta notarial, así como el lugar donde fueron guardadas. Un acta que hoy en día es conservada en el archivo histórico del Colegio de Notarios de Valencia.

 

Acta notarial 

La Virgen escondida en el Ayuntamiento y la Basílica convertida en un cine republicano, pero no quedaría ahí el tema, pues había rumores de que estaba escondida en el Ayuntamiento, y este era irrumpido frecuentemente por grupos de milicianos para hacerse con a la talla sagrada. Los funcionarios que sabía que estaba ahí escondida, siempre lo negaron.

 

Fue el 26 de mayo de 1937, a las 3 de la madrugada, cuando un proyectil de un bombardeo aéreo, impactó sobre la escalera principal del ayuntamiento. La honda expansiva hizo agrietar los tabiques del armazón donde estaba ocultada la imagen y se desplomo el ventanal que había en dicha pared. Con rapidez localizaron un albañil y un carpintero para que repararan los desperfectos, restableciendo así el estado original del tabique.


Comparativa del destrozo de la bomba con el estado actual. 

Eran muchos los funcionarios que sabían que la Virgen estaba allí oculta, pero guardaron fidedignamente el secreto. Hubo revolucionarios que había oído rumores de que estaba oculta en el Ayuntamiento, y para evitar que la destruyeran, un funcionario tuvo que darles algunas de las joyas de la Virgen de los Desamparados para mantenerlos alejados.

Durante la Guerra Civil, se dice, que nunca faltó un ramo de flores junto al lugar dónde se hallaba escondida, y que con frecuencia cambiaban las funcionarias. En la actualidad en ese lugar hay una pequeña capilla dedicada a la Virgen y continúan las ofrendas florales.  

El 29 de marzo de 1939 las tropas nacionales entraron victoriosas en la ciudad de Valencia, concluyendo de esta manera la Guerra Civil, sería dos días después cuando en la plaza de Emilio Castelar – actual plaza del Ayuntamiento – se haría una primera misa publica después de los tres años de suspensión y prohibición del culto católico.

Durante esa misa corrió el rumor de que la Imagen de la Virgen de los Desamparados se había salvado de la destrucción, un hecho que le dieron un carácter milagroso. El 2 de abril, Domingo de Ramos, fueron celebradas misas en distintos lugares de la ciudad y a las doce del mediodía hubo una misa de campaña en la plaza de la virgen, junto al profanado templo mariano.

El 15 de abril de 1939, un periódico valenciano publicaría:

«Las pistolas apuntaron a la dulce, indefensa imagen y la profanaron. Quedó esta entre lenguas de fuego. Por rejas y balcones surgían las llamas… un balazo hirió la cara de la Virgen y otro martirizo el cráneo»

La Imagen fue sacada en andas, sin nimbo, ni corona, tocada con una delicada corona de flores camino a su Basílica el 11 de mayo de 1941 cuando fue coronada por segunda vez.


Virgen antes de su coronación y restaurada. 

Fueron varios los artesanos que intervinieron para la confección de la nueva corona. La Basílica ese día estrenaría una lámpara de araña hecha de cristal y bronce, con cincuenta y cuatro luces, realizada en la fábrica Mariner que el Circulo Frutero de Valencia entregó de ofrenda.

Fue el arzobispo Prudencio Melo quien bendijo y ciñó la corona en la cabeza de la Virgen, un instante de gran emoción para toda la ciudad de Valencia, una espesa lluvia de pétalos de flores caía de los balcones valencianos y estampidos de traca celebraban el regreso de la patrona a su altar.

Esa tarde hubo una larga procesión días después, el alcalde de Valencia rindió homenaje a todos y cada uno de los valencianos que salvaron y custodiaron la Imagen durante la Guerra Civil.

 

 

José Cano Coloma, alcalde de Valencia

He aquí la versión oficial de sobre la desaparición de la Virgen de los Desamparados, según el alcalde de Valencia del año 1936.

«El día 21 de Mayo de 1936, a las diez de la mañana, me llamaron al Ayuntamiento para decirme que se rumoreaba que querían quemarla – a la Virgen de los Desamparados - En aquel tiempo, mediante Radio Valencia, nos poníamos en contacto con la población, siempre que fuese necesario. Rápidamente emití un discurso llamando a la cordura y pidiendo a los ciudadanos que nos ayudaran, que se acordaran todos que nosotros vivíamos en la ribera del mar Mediterráneo, que era el mar de la Civilización y que ésa sería una vergüenza que pesaría toda la vida sobre Valencia… Eso eran las once, pero a las doce y media me dicen: “Señor alcalde, que ya están allí”. Yo estaba despachando mis asuntos municipales, pero enseguida me trasladé a la plaza de la Mare de Déu. Salía hubo de la basílica de la Virgen, no muy intenso, pero ya se estaban quemando sillas: los bomberos estaban allí, ¡Pero no tenían agua! Y estaban, como quien dice, esperando a que bajase el arcángel San Gabriel para dar las órdenes: estaban también la Guardia Civil, al mando de un sargento, que tendría sus cincuenta o sesenta años, y una colección de números tan veteranos como su sargento…

Y llego y les digo a mis bomberos: ¡agua y adentro! Les aconsejé que en primer lugar desalojaran la basílica con el agua – la técnica ésta la había leído en no sé qué novela -, la Guardia Civil acordonó el recinto para alejar a la gente… La Virgen no llegó a quemarse, un mucho menos. A la Virgen lo que le pasó fue que las llamas le agrietaron la mejilla izquierda, que es de porcelana. Total, salvamos a la Virgen, apagamos el fuego y dejamos un piquete para cuidar aquello.

A las diez de la noche volvimos a la plaza de la Virgen con un camión, que había estado todo el día repartiendo patatas al Ayuntamiento. No estaba seguro de lo que había que hacer, por eso acudí a casa de don José María Carrau, hermano mayor de la Archicofradía de la Virgen y ex decano del Colegio de Abogados, para que me aconsejara. Don José María y su hijo me acompañaron. No sabían porqué motivo los llevaba conmigo. Subimos al Salón de los Cristales: estaba a oscuras. Encendieron las luces y don José María cayó de rodillas, y como no sabía dónde mandar a la Virgen, le dije: “Pues si usted no sabe dónde, me la quedaré yo” Esa misma noche, con la colaboración de todos, organizamos una procesión particular para trasladarla al Archivo. El archivero, una bellísima persona, me comunicó que allí no podía entrar, porque la puerta estaba sellada, pero yo, como alcalde, y, por consiguiente, también clavero, rompí el sello y guardamos a la Virgen en el fondo, debajo del busto del rey don Jaime: mirando a la Virgen, a su izquierda, esta el arca que contiene el Consolat del Mar y encima de la Virgen, por si faltaba algo, la Senyera.

Al día siguiente no abrió el Archivo. Por la noche, llamé al sobrestante de Vías y Obras y le encargué levantar un tabique que emparedase la a la Virgen. Y allí estuvo la Maredeueta toda la guerra.  

De la entrega de la Imagen y joyas de la Virgen levantó la correspondiente acta el joven notario Enrique Taulet Rodriguez Lueso.»

José Cano Coloma, Alcalde de Valencia de Izquierda Republicana.  

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