lunes, 30 de marzo de 2020

Cruz de la Autovía de Barcelona (cruces de término#1)

AVISO: La redacción de estos artículos se realizaron durante la epidemia del COVID-19. Están tipo "novelados" imitando un antiguo cuaderno de un viajero del tiempo. Para entretenimiento de un grupo de amigos de Puçol y dedicados a ellos. 


Año de Nuestro Señor 2020, penúltimo día del mes de marzo.

Hoy comenzamos nuestra peregrinación en busca de las cruces de término de la ciudad de Valencia y sus alrededores.

De buena mañana salimos de casa y nos hacemos al camino, nuestros pies se encuentran entumecidos pues son muchos los días que han estado sin hacer esfuerzo. Poco a poco, paso a paso, nuestro cuerpo va tomando el ritmo de la caminata.

Respiramos hondo y podemos sentir un aire fresco, pero no porque es la primera hora de la mañana, sino que no está contaminado con eso que se llama polución y provocan esos carros de metal que son tirados por potentes caballos invisibles. Las calles están desiertas no hay ni un alma, en otras ocasionalmente encontramos a una o dos personas que se alejan deprisa sin cruzar palabra, ni si quiera unos buenos días, el ambiente está tenso pues aún existe el miedo y el riesgo de caer contagiado por la epidemia que está visitando la ciudad.

Alzo la mirada al cielo, está encapotado casi a punto de llover, tal vez por eso el aire huele a fresco. El céfiro se presenta hoy pintado de suaves y sutiles añiles, alguna nube desgarrada del color del algodón sucio.

Al regresar la vista a nuestro camino nos ajustamos sobre el rostro el extraño cubrebocas que nos obligan a llevar, nuestras manos van enfundadas en unos guantes de un tejido difícil de explicar: son finos como la seda, se pegan a la piel como una segunda piel, y son de un material que según me han contado se llama látex y es una especie de salvia de un árbol de una tierra extranjera.

El caminar por Valencia da autentico miedo, lo dicho apenas hay gente y la que se encuentra huyen como si de la peste se tratara.

Desde el lugar que residimos hasta la primera cruz de término que tengo que visitar hay una larga distancia. Poco a poco, minutos tras minutos estamos acortando la distancia y finalmente llegamos a las afueras de la ciudad, por un camino cubierto de esa extraña argamasa negra que me dijeron que se llamaba alquitrán.

La senda tiene un nombre peculiar: Autovía de la Ronda Norte. Y nuestro objetivo es la llamada “Cruz de término de la Autovía de Barcelona”.

Con cuidado de que no nos arrollen esos extraños carruajes de metal, cruzamos el Bulevar Periférico Norte, o eso pone en un rótulo.

Caminamos con tiento por la orilla de ese negro camino de piedra entre los campos que aún perduran de la antigua alquería de Benimaclet.
El aire nos viene de cara, es fuerte y frío pues son los extraños carros los que nos lo echan a la faz…

Apenas hemos recorrido unos cientos de pasos cuando vemos el camposanto de Benimaclet, nos detenemos un momento y nos persignamos en señal de respeto de los que allí reposan. Tomamos un pequeño sorbo de agua, de la cilíndrica y trasparente calabaza de agua, fabricada de un material traslucido como el cristal, pero fuerte que si cae a tierra no se quebra.

Nos han informado de que nuestro objetivo está cerca de una taberna de pernoctación llamada “El Potro”. Valioso dato para no perdernos en nuestro caminar.

Nuestra vista recorre los campos de chufa, ese pequeño tubérculo del cual los valencianos sacan esa bebida tan refrescante para el verano.

Unos pocos pasos más y cruzamos la acequia de la Vera, falta poco para el secador de chufa de Panach y ya llegaremos a esa posada donde frente a ella se encuentra la cruz.

Sí, al fin vemos aparecer ante nosotros el pequeño parador del Potro. ¡Venga solo nos falta unos cuantos pasos más!

Caminamos y ante nosotros se alza la Cruz de la Autovía de Barcelona.
Nos quedamos anonadados pues se trata de un humilladero un tanto extraño, o tal vez no para aquellas personas que viajan en esos carros de metal.

Pues el monumento es de complicada fábrica, como si lo hubiera hecho un herrero con premura al igual que el picapedrero que ha tallado su base.

Saco de entre mis ropas un pliego de papel y con un carboncillo trazo un rápido dibujo de lo que ven mis ojos.

 
Ilustración: Isabel Balensiya

Junto al dibujo escribo una breve descripción:

Está formada por un basamento de piedra, obra de Román Giménez, a tres bandas de color blanco.

La cruz es de hierro hecha con la sobre exposición de planchas de metal soldadas y recortadas de forma moderna. Aparecen representadas alusiones a los santos Vicentes y algunos ángeles a la imaginación de un escultor de Mora de Rubielos llamado José Gonzalvo Vives.

El escudo de la ciudad de Valencia está presente. Todo el conjunto está fechado en tercer día de mayo de 1965.

Guardamos el pliego y nos dirigimos a la taberna. Quizás con suerte se halle abierta. 

Mañana continuaremos nuestro caminar... 


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COMENTARIOS DE LOS AMIGOS DEL GRUPO CLUB DE HISTORIA DE PUÇOL
30 de marzo 2020. Capitulo: Autovía de Barcelona.

Pilar: Excelente introducción Isabel

Sabín: Buen trabajo, Isabel. Una excursión virtual no es una mala solución en tiempos de cólera... digo, de virus. ¿Para cuándo la próxima escapada virtual?

Chimo Collado: me ha encantado, parece que te estoy oyendo, gracias.

Isidoro: gracias.

Pilar Alberti: Gracias y que ingenio tienes. Cuidaros.

Mari Carmen: Vaya q ideas tenéis más chulas.

Marisa Romero: Así sí. me ha gustado, gracias, Isabel.

Rosa Ruiz: Isabel chulísimo !! Muchísimas gracias

Susana: Gracias Isabel. Muy  chulo


Maribel: Me ha encantado, muchas gracias Isabel



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