domingo, 23 de diciembre de 2018

El Mercado de Colón (Comercios emblemáticos #5)




Callejero, tal vez te encuentres paseando, o en búsqueda de tus compras navideñas, por la zona del ensanche, llegando a la calle de Jorge Juan, concretamente al número 19. Párate un instante y admira el edificio que se alza ante tus ojos, se trata del llamado Mercado de Colón. 

Su origen lo encontramos en la necesidad que tenía la sociedad burguesa, de la Valencia del siglo XIX, en un mercado próximo a sus hogares, para no tener que desplazarse hasta el Mercado Central o al mercado de Ruzafa. 

El Mercado de Colón en 1917. 

Fachada principal en el
 momento de su construcción. 
El proyecto originario fue presentado por Francisco Mora un 17 de abril de 1913, aunque fue modificado por las sugerencias de la Comisión de Ensanche, afectando sobretodo al diseño de las fachadas y añadiendo los voladizos del tejado. En agosto de ese mismo año, se realizaron los estudios de las propuestas de añadir unos sótanos al proyecto.

Las obras comenzaron en 1914 y acabaron dos años después. La inauguración fue el 24 de diciembre de 1916, día de Nochebuena, convirtiéndose en un espectáculo para el barrio, según cuentan las crónicas de la ciudad: desde la plaza de toros salió una cabalgata, donde participó la Guardia Municipal Montada, los grupos de vendedores que iban a trabajar ahí: pesca, aves y carnes, flores, frutas y hortalizas, seguidos por una  carroza ocupada por la reina de la Fiesta y sus damas de honor, la Banda Municipal y cerrando la comitiva la Guardia Civil. 

Interior del Mercado de Colón en estos días de Navidad.
Fotografía propia. 
                                   
El mercado concebido por Mora, no fue bien visto en el mundo de la arquitectura, pues lo consideraban modernista – un apelativo negativo para la época -  con formas alocadas y decoraciones banales, y materiales diferentes a los tradicionales, como el uso de la fundición de hierro, ladrillo y vidrio.  

Vista de la cubierta y los pilares de hierro fundido.
Fotografía propia.
El Mercado de Colón consta de una planta basilical, de tres naves, cuya central se alza a 18,60 metros, a diferencia de las laterales que miden 9,70 metros con voladizos de 6 metros cada una. Lo más llamativo es su armazón de cerchas y arcos metálicos, unidos mediante grandes tornillos a los pilares de fundición que soportan la gran cubierta, hecha a base de placas de cemento. Todo ello rematado por un lucernario que recorre toda la cumbrera, proporcionando luz natural al interior del edificio. 


Detalle del  lucernario, las cerchas y los arcos.
Fotografía propia. 

El mercado consta de dos grandiosas puertas: la puerta principal que recae a la calle de Jorge Juan. Esta puerta tiene una altura de 31 metros de altura, por una luz de 7,50 metros. Está elaborada a base de ladrillo rojo, flanqueada por dos pináculos, donde arranca un gran arco elíptico, cerrado por una gran cristalera y una marquesina protegiendo la entrada. La fachada la corona un escudo de la ciudad de Valencia. 



Puerta de Jorge Juan
Fotografía propia
Por el otro lado, la fachada de la calle de Conde Salvatierra, es también de ladrillo y piedra, apoyada en dos pináculos laterales de puntas de cerámica vitrificada, cuenta con un gran arco ojival de 16 metros de altura con una luz de 13 metros, pero lo que llama la atención de esta puerta es el mosaico cerámico con alegorías a la huerta, donde aparecen valencianos, naranjos y flores.

Puerta de Conde Salvatierra
                             
Detalle de los mosaicos valencianos.

En su interior, en el primer piso se encontraban los puestos de mercado, por los que se pueden acceder por las citadas puertas. Todo el recinto está cercado por una verja de hierro y piedra natural, en cuyos chaflanes se alzan cuatro pequeños edificios, utilizados como aseos públicos y almacenes.

Verja de hierro que rodea el mercado.
Fotografía propia. 

El Mercado de Colón estuvo en uso desde principios del siglo XX, hasta finales del mismo, cuando comenzó a decaer, pues algunos comerciantes abandonaron el mercado por la tan ansiada jubilación, otros cerraron porque no podía permitirse la pérdida de clientes, también por la falta de mantenimiento del lugar… Así que, desde 1997 hasta 2003, el mercado sufrió una gran remodelación y restauración en su estructura de la mano de Luis López, que añadió la alberca del primer sótano y el aparcamiento.

Alberca en el sótano del mercado, decorada de Navidad.
Fotografía propia. 
Actualmente, podemos disfrutarlo como centro comercial de ocio. Donde además, podemos encontrar excelentes restaurantes, una horchatería tradicional, una biocafetería y biocervecería, algunas cervecerías extranjeras, un lujoso restaurante japonés y hasta una floristería, entre otros comercios.

Sótano donde se aprecian alguno de los locales.
Fotografía propia. 
Finalmente la zona central del mercado, está destinada a eventos culturales de temporada.

Actualmente en la zona de eventos temporales, podemos encontrar
puestos donde se venden belenes y adornos navideños.
Fotografía propia.

En el año 2007, fue declarado como Bien de Interés Cultural, por ser uno de los mejores ejemplos de la arquitectura modernista en Valencia, otro motivo más para visitarlo.

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