domingo, 20 de mayo de 2018

En busca del Camino del Mar #4



 El Grao de Valencia.
"Vista de Valencia tomada encima del Puente de San José"
Realizada por Alfred Guesdon en 1853. (Fragmento)
El último tramo que vamos a realizar.
Rotulación: Isabel Balensiya.


Callejero, es momento de proseguir de nuevo. Pero, antes de aventurarnos en nuestro último recorrido final, mira hacía atrás el camino ya recorrido y por un momento intenta imaginar como sería  el paisaje en tiempos pasados, con el puente, el paseo de Reverter, la muralla con su puerta, la Aduana... ¿porque imaginarlo si puedes verlo? 
¡He aquí una antigua fotografía ! Tomada desde la orilla izquierda del río, más o menos desde donde nos encontramos ahora. 

Fotografía inédita que pocos conocen.
Fechada alrededor de 1860,  unos años antes del derribo de la muralla. 
1884 vista del Puente del Mar, el Paseo de Reverter y la Aduana.
Valencia ya no está protegida por la muralla. 

Caminemos, ahora, por la Alameda hacía la Plaza de Zaragoza, a la vez que viajamos en el tiempo hasta el siglo XVII, a la Valencia del Patriarca Ribera, propietario de estos terrenos, los cuales donó a la fundación del deán de la Catedral de Valencia, don Francisco Roca de la Serna. Esta fundación estaba compuesta de monjes franciscanos descalzos, que agradecieron la creación del cenobio denominándolo San Juan Bautista, más tarde sería conocido como San Juan de la Ribera, en honor al Patriarca Ribera.  

Lo único que se sabe de este lugar, es lo mencionado en la obra de  Pasqual Esclapés  “Resumen Historial de la Ciudad de Valencia”, en la que recoge lo siguiente sobre la donación:

<< En el año del Señor de 1574, a los 4 días del mes de Mayo, dio principio a la fundación del Real Convento de San Juan Bautista de Religiosos de San Francisco de Asís Descalzos, el Deán F. Roca, Canónigo de Valencia, y visto por el Ilustrísimo Señor el Beato Juan de Ribera, Arzobispo de Valencia, tan noble determinación, le asistió y ayudó para tan importante obra, por cuyo motivo quedó a este Convento el renombre de San Juan de La Ribera, el que ha sido, y es ejemplar de virtud y santidad, como lo han manifestado sus venerables hijos.>>

El convento fue finalizado en 1669 y aunque, no se sabe mucho sobre el lugar, si se puede afirma que era un edificio austero de pobreza constructiva.

En el Plano de Tosca, 1704. El convento apenas se ve,
así que tampoco tenemos mucho documento gráfico.
Rotulación: Isabel Balensiya.

Avancemos un poco más, hasta el siglo XIX. En  1830 fue reconstruido, y 37 años más tarde sufrió la Desamortización de Mendizabal, convirtiéndose en Cuartel Militar de Caballería y la desacralizada iglesia pasó a ser una portería.

Ya en 1898, el edificio fue completamente demolido para construirse la Estación de Aragón. Esta central de ferrocarril  empezó a funcionar un 25 de febrero de 1902, transportando viajeros desde Valencia a Aragón de ahí su nombre, y  la razón por la que se conocía con el apodo de La ChurraDesde aquí  continuaremos nuestro último caminar hacía la búsqueda del mar.

Joaquín María Belda Ibáñez fue el arquitecto que elaboró el proyecto, para el que diseño un edificio de estilo clasicista, compuesto por un cuerpo central de tres pisos con nueve vanos cada uno, dos cuerpos salientes en los extremos en forma de torres que formaban un hall exterior protegido por una marquesina. En la planta de abajo había nueve puertas que permitían el paso al interior de los andenes, y el edificio se remataba por un tejado que se cerraba por una balaustrada de piedra.

Los viajeros que llegaban a esta estación era gente humilde, de pueblos de Aragón y algunos valencianos de la serranía, que cargaban el peso de sus escasas pertenecías en fardos y carretas, no eran viajeros tan sofisticados como los que llegaban hasta la Estación del Norte.

Estación de Aragón, 1903.

Como consecuencia de la trágica riada de 1957, la Estación de Aragón sufrió grandes daños, aunque  se mantuvieron sus servicios  hasta el 25 de mayo de 1968, cuando se cerró definitivamente a los viajeros. En 1969 se cedió el suelo, subastándose en 1973 , comenzando  su demolición un año más tarde y construyéndose en su lugar una gran avenida,  aprovechando el trazado por donde discurrieron un día las vías de la linea de Aragón, dando nombre a la misma en su recuerdo.

Estación de Aragón y  Avenida del Puerto.
Años 60.
Actualmente,sobre el lugar que ocupó la estación, hay una escultura conmemorativa de Ramón de Soto (1982) dedicada a las víctimas de la riada.


El monumento a las víctimas de la Riada del 57.
Fotografía: Isabel Balensiya.

El único vestigio arquitectónico lo encontramos en la rotonda que forma la Plaza de Zaragoza. Son las torres de la estación, unos edificios de dos plantas fechadas en 1930 que eran las aduanas para las mercancías que hasta allí llegaban.

Edificios que quedan hoy en día en la rotonda.
Fotografía: Isabel Balensiya.

Antiguo plano de Valencia, en amarillo resaltada la Estación de Aragón,
enfrente la Estación de Tranvías, en el Camino del Grao.
 Ya sabemos el origen de este lugar, aunque de momento no necesitamos saber más sobre él, porque, callejero, para lo que atañe a nuestro camino necesitamos cruzar la calle y hacerlo de una forma especial,  abandonando esta acera desde 2018,  para llegar a la otra en el siglo XIX, concrétamente al 24 de abril de 1892. 

Estación de la Sociedad Valenciana de Tranvías, a principios de 1900.
Ante nosotros tenemos la Estación de la Sociedad Valenciana de Tranvías. La idea de ésta línea se debe a José Salvany de Urgell, el director de la Sociedad Colectiva "La Valenciana", que en 1865 había solicitado la licencia para el estudio de un tranvía y su caserío, para unir Valencia con Pueblo Nuevo del Mar. El proyecto fue diseñado por Manuel Sorní. No solo se haría un tranvía sino que se aprovecharía para urbanizar terrenos en la zona del Grao. Pero estas novedades no gustaron mucho y el proyecto no se llevó a cabo. 

Tendríamos que esperarnos hasta 1874, cuando Rómulo Zaragozá Muela solicitó en la Sociedad Catalana General de Crédito, un tranvía para comunicar Valencia y Vilanova del Grao. 

El proyecto se aprobó un 27 de septiembre de 1875, con dos trayectos: Valencia - Grao - Cabañal y otra línea llamada Interior para el casco urbano de Valencia. Las obras comenzaron el 19 de enero de 1876. Un trabajo que por lo visto ilusionó mucho, pues las obras se acabaron muy rápidamente, el 23 de junio, teniendo ya establecida la línea entre Valencia al Grao-Cabañal. 

El 20 de diciembre de 1876 se creó la constitución de Tranvia de Valencia al Grao y Cabañal, nombrándose a Juan Prat Sancho como presidente de la sociedad.

Ahora que estamos dentro ya de la estación, caballeros buscad en vuestros bolsillos, queridas damas rebuscad en vuestras limosneras, pues es necesario que tengáis preparado en vuestras manos 15 céntimos, precio del billete para tomar El Imperial en el día su inauguración, el 24 de abril de 1892, que nos llevará por el Camino del Grao hasta el mar. 

Recreación con monedas del siglo XIX.
Fotografía Isabel Balensiya. 
Mientras esperamos  los 10 minutos que faltan para que llegue el nuevo convoy,  aprovecharemos la espera para ir relatando la historia de este trazado tranviario. Mientras algunos estáis alisando las solapas de la chaqueta y otras recolocándoos el tocado de  cabeza. ¡Quien sabe si saldréis en un alguna fotografía!

Tranvía El Imperial de tracción animal. De la línea Valencia Grao-Cabanyal.
Hace tres días que se bendijeron los coches que forman el tranvía de la línea de Valencia al Grao junto a sus vías, una línea que comienza en la Plaza Tetuán, cruza el río Turia por el Puente del Mar, hasta el Paseo de la Alameda, y desde allí se introduce por el Camino del Grao hasta la Plaza de Espartero en el Grao de Valencia, cubriendo los 4.342 metros lineales con 5 paradas.


Una vez llegado hasta el final, se prolongará la vía 6 kilómetros más hasta el Cabañal para llegar a la playa, esta línea se podrá utilizar desde el 18 de junio de 1893. 


La vía para el Grao.
Principio de la Avenida del Puerto.
Fotografía: Isabel Balensiya. 
                                     
Llamará la atención a la vista, que existen diversos tipos de coche, unos muy ligeros que pueden ser arrastrados por mulas o caballos. Otros carruajes que son de un piso - a 10 céntimos el viaje -  otros de dos pisos El Imperial - a 15 céntimos el trayecto - Finalmente para los días de buen tiempo, dispondremos de los denominados Jardineras.

Sabiendo esto, ya estamos listos para emprender esta parte de la ruta, tomad estos nuevos planos que nos acompañarán hasta el final. Ya se acerca el tranvía. ¿Estáis listos para subir? 


Nuestro nuevo plano de situación en los viajes atrás en el tiempo. Siglo XIX
Rotulación de Isabel Balensiya. 
                         
Avenida del Puerto en la actualidad.
Fotografía: Googlemaps.
Esta última parte la haremos en tranvía para ir más rápidos y no cansarnos, porque vamos a recorrer el Camino del Grao, la futura Avenida del Puerto, la más larga de toda Valencia. Acomodaos en vuestros asientos y disfrutad de este paseo, pues ya estamos prácticamente en verano y es un primor observar este camino lleno de mescolanza de vehículos de todas las clases, de carretas, de tartanas, de coches de caballos, los carros de la gente de la huerta y del mar que traen hacía la ciudad el fruto y pesca de su labor. También podemos ver señores, como vosotros callejeros, que van de camino a disfrutad de los baños del puerto y la playa. 

Aprovechemos el viaje pues, para conocer la historia del Camino del Grao. 


La avenida del Puerto o antiguo camino al Grao, al fondo la ciudad de Valencia (1811)
Si miramos hacía atrás, la estampa que encontramos sería de una ciudad pequeña y concentrada, pues hasta hace poco aún conservaba  sus murallas. A su alrededor surgen caminos que llevan a Ruzafa, a Benimaclet, a Campanar, a Mislata y como no... al Grao. 


Son caminos  de tierra, sin adoquinar, rodeados por campos de naranjos, huertas con hortalizas, todos salpicados de barracas y alquerías con su orgullosa palmera. Una estampa bucólica, que en apenas unos pocos años, iremos perdiendo al introducirse la industrialización, construtendose fabricas  rodeadas de viviendas para los trabajadores, creándose nuevos barrios a extramuros de la ciudad, ampliándose otros por dictaduras legales y anexionándose a Valencia, haciéndola crecer y multiplicarse. Pero nosotros aún seguimos de viaje por el tiempo, estamos a finales del siglo XIX, cuando el romanticismo imperaba en la mente de los escritores y demás artistas de la época y la vida trascurría  a trotecito lento de caballo que tiraba de la calesa o en este caso de El  Imperal. 
Alquería con su palmera, una especie de villa de campo.

Barracas, las casas tradicionales de los campesinos valencianos.
Entre estos paisajes podremos contemplar a los sencillos campesinos durante sus labores de cuidados del campo. 
Labradores valencianos del siglo XIX.
Para estas personas, venir a Valencia era todo un acontecimiento, hasta el punto que se vestían de domingo y se arreglaban para la ocasión. Su objetivo era vender los productos de sus campos y ganar algo de dinero para otros menesteres, además de realizar compras o visitar - si podían permitírselo - a los galenos. Ellos no tenían el lujo que tenemos hoy nosotros de ir cómodamente en un tranvía, sino que iban montados bien en mulas o a pie, recorriendo el larguísimo camino hacía la ciudad, con todos los peligros que esto podía acarrear. 


                                   
Plano de la ciudad de Valencia al ser atacada
por el mariscal Moncey en 1808.
Fijaos en  la distancia que debían de recorrer en tiempos pasados - la misma que en la actualidad - pero el mero hecho de estar todo el terreno sin urbanizar hacía más largo y pesado el camino. 

Vista aérea del Camino del Grao. 

La misma perspectiva, esta vez es la representación
más antigua que se conserva del Grao. (1653)

En su origen, como ya hemos comentado, no era más que un camino de tierra, razón por la cual se conoció como Camino del Grao, más tarde pasaría a denominarse con diferentes nombres, y hoy en día, si sabemos dónde mirar, podemos encontrar algún vestigio de la rotulación de la vía. 

"Camino Viejo del Grao" apenas se pueden distinguir las
letras de la placa, ocultas por diversas capas de pintura.
                                                               
En el circulo verde, la ubicación.
 Esquina de calle Islas Canarias con Eduardo Boscà.


Volvamos a la actualidad, ahora que pasamos a la altura del número 24 de la Avenida del Puerto, ante nosotros tenemos uno de los edificios más singulares de la ciudad, conocido como la Casa del Médico, una construcción romántica que fue encargada, en 1919 por María Burgos, al famoso arquitecto Ricardo Cerdá Cardona, quien diseñó los planos y que más tarde fueron modificados a un estilo historicista por el arquitecto Javier Goerlich.

La Casa del Médico en la actualidad.
Fotografía: Isabel Balensiya.
Durante los primeros años de su historia, la edificación fue conocida como el Palacete Burgos, pero todos los valencianos la llamaron la Casa del Médico, pues su posterior propietario fue el cirujano de la Plaza de Toros, José María Aragón Caro, un hombre muy conocido en la ciudad. 

El interior de este palacete es muy interesante, pero ya entraremos en él  en otra ocasión, porque debemos seguir recorriendo el viejo Camino del Grao. 


Tenemos que viajar de nuevo atrás en el tiempo, concrétamente a 1787, cuando los arquitectos Vicente Gascó, Antonio Gilabert y Joaquín Martinez - primeros arquitectos de la Academia de San Carlos - elaboraron un proyecto para un nuevo camino de la ciudad de Valencia al Grao, contiguo al camino antiguo medieval, ya en mal estado. 

Este proyecto constituyó la tercera obra urbanística de Valencia, tras las construcciones de la gran muralla en 1356, y de la monumental obra de puentes y pretiles  de piedra para salvar el río (1592-1789). 

Este grandioso proyecto hoy en día lo podemos encontrar recogido en el Archivo Municipal de la Ciudad Proyecto del nuevo Camino del Grao, fechado en 1787, que consta de 12 escritos copilados en forma de epístolas y dos mapas. Una obra que concluyó el 27 de marzo de 1790.

Plano del Camino del Grao en el siglo XIX
Rotulación de Isabel Balensiya. 



Gracias a esta documentación, sabemos que incautaron terrenos a dieciocho personas para conseguir 8.568 brazas de tierra, valoradas en 10.158 libras, 13 sueldos y 4 dineros para la Rectificación del Nuevo Camino del Grao. Una curiosidad, para que os hagáis una idea, la equivalencia hoy en día sería de 122.063´80 €

El objetivo era unir lo más recto posible la zona de la Alameda y el Convento de Sant Joan de la Ribera con el Grao. 


Pero, el proyecto comenzaba con problemas, pues  atravesaba la huerta del convento de San Joan de la Ribera y los arquitectos  tuvieron que replantear el trazado para respetarla, decidiendo hacer la entrada al camino algo más obtusa y calcular de nuevo el coste de la  ejecución.

El proyecto se firmó el 4 de agosto de 1787. Se presupuesto por 47.000 libras, que más tarde bajaría a 20.000, al eliminar  la ornamentación del camino. 

Reunieron fondos del Real Consulado de la Capital, de la generosidad del arzobispo y la Ciudad, de la Real Hacienda y de las 9.000 casas de vecinos, a 2 libras cada una "baxo las Reglas de Alumbrao".

Sin duda fue una obra muy costosa, y que sin lugar a dudas había que realizar, pues el anterior y medieval camino estaba en un estado deplorable. 

El 23 de febrero de 1793, el Barón de Tamarit, regidor de la Junta de Policia afirmó que había que trasladar el proyecto a su Magestad y fue Antonio Cornel, capitán general quién le propuso al monarca:

<<Seria conveniente emprender la construcción del camino que guía esta Ciudad a la playa del Grao, para arreglar el levantado en otro tiempo, y que para este fín se hacía preciso que su Magestad me concediese por vía de préstamo y con calidad de reintegro las 27.348 libras y 16 sueldos necesarias para aplicarlas a la construcción del camino proyectado.>>

El préstamo que se pidió a la Corona, calculado en la moneda actual, alcanzaría la cifra de: 328.185,60 €

Cinco meses después, 30 de abril de 1794, el capitán general Nicolás de Arrendondo solicitó que trabajasen en la construcción algunos reos de delitos menores. 

A principios de 1802, el Camino del Grao estaba construido, y curiosamente prohibieron el paso de carruajes y de carretas pesadas, porque  deterioraban  la vía al pasar, solamente podían ir carruajes de lujo, pues, en unos pocos meses vendrían los reyes a visitar Valencia. Pero el tráfico seguió pasando... por esta vía que unía la plaza del Convento de San Juan de la Ribera con la puerta de Vilanova del Grao. 

La magna obra que se convirtió en un eje de comunicación de la ciudad,  comenzando rápidamente a construirse fábricas, almacenes, talleres y viviendas en sus orillas. Un bulevar tan fastuoso, hasta el punto de llegar a describirse en el Diccionario de Madoz ( 1845 -1850)

 <<el camino que dirige a Valencia es una recta y magnidica alameda de ½ leguas de estensión, con hermosos andenes a ambos lados, a los que una doble hilera de elevados chopos preserva de los ardientes rayos del sol, formando con sus ramages un espeso y continuado toldo sobre el camino del centro, destinado para carruajes, su estado es excelente…>>

Camino del Grao, 1900

La Avenida del Puerto en la actualidad, comparadla con la de arriba.
Fotografía Isabel Balensiya
                           
Ahora 90 años después, en el 1892, el Camino del Grao ha cambiado un poco, siendo atravesado por unos raíles de metal para que podamos recorrerlo por el recién inaugurado tranvía, protegido por unos hermosos árboles, convirtiendose en una de las vías más transitadas de la ciudad. Época en que todas las clases sociales se dirigían a Vilanova del Grao o también llamado Pueblo Nuevo del Mar, para recrearse, sobretodo ahora que se acerca el verano .

Raíles de tranvía por mitad del Camino del Grao

En 1961 arrancaron los chopos en una reforma urbanística. 
                                    
La Cruz del Grao
Fotografía Isabel Balensiya. 
El tiempo pasó tan rápido como pasa nuestro tranvía y el pasado medieval prácticamente quedaría olvidado si no fuera, por la Cruz de Término "Camí del Mar"que encontramos hoy en día en la altura del número 117 de la Avenida del Puerto, dando nombre el barrio: Creu del Grao. 

La encontramos en una zona ajardinada, aunque esta no fue su ubicación original, ya que con las diferentes reformas de la travesía fue cambiando de lugar en diversas ocasiones.
Es de manufactura gótica, originariamente estuvo cubierta por un templete como otras cruces de la ciudad, y  la columna rematada por una cruz de piedra que siendo esta destruida, fue sustituida por una de hierro. De su época medieval tan solo se conserva el pedestal octogonal y algunas de las esculturas que la adornan.
Fue realizada entre 1423 y 1424 por Martí Llobet – maestro de obras de la Catedral – y retocada en 1428 por su hijo Joan Llobet, el joven. 

En cuanto a lo que adornos respecta, tenemos en hierro el escudo de la ciudad y bola con ocho brazos sobre él. En los cuatro lados tenemos la heráldica de Aragón coronada, y por encima de los escudos, las imágenes de santos cubiertos por unos doseletes góticos.
La encontramos medio abandonada, medio escondida en esta zona ajardinada de la ciudad, y ni si quiera se encuentra en el centro del jardín, sino prácticamente en mitad de  la acera. 

Cruz del Grao en la antigüedad.


De vuelta al siglo XIX, con la exportación de la naranja a Inglaterra y los vinos de Requena, se fomentó el crecimiento de esta vía, asentándose aún más industrias  e incrementándose el tráfico comercial que enlazaba Valencia con el puerto. 

En 1915 el Camino del Grao tuvo en su final otro edificio singular, fue el construido por el arquitecto Enrique Viedma, para Manuel Salvador, ubicado en el número 273 de la Avenida del Puerto. Este edificio era el Teatro Cine Benlliure – Lírico.

El edificio de estilo modernista del cine, con su techo abovedado.
En primer plano la torreta de Telefónica. 

Construcción de la Central de Telefónica.
1926 
Un lugar de ocio inaugurado el 28 de octubre de 1915. Diseñado con una capacidad  para 918 plazas, repartidas en una sala y dos pisos para palcos. En su origen fue proyectado para el uso de las Artes escénicas, pero con el auge del cinematógrafo en los años 40, acabó convirtiéndose en un cine. Estuvo en funcionamiento hasta 1968 que cerró sus puertas por motivos económicos y desgraciadamente fue derribado para construirse en su solar un edificio de viviendas de ladrillo de caravista rojo, muy a la moda constructiva de los años 70. En cambio, el edificio en forma de torreta adyacente al cine-teatro sí que sobrevivió, fue construido en 1926 para ser la Central de Telefónica. 







La Central de Telefónica y el edificio de viviendas en la actualidad
Fotografía Isabel Balensiya. 


Apenas ya quedan unos pocos metros para acabar la Avenida del Puerto y es aquí donde tenemos que volver a viajar a través del tiempo, pues en este lugar estuvo la entrada a Vilanova del Grao en la Edad Media. Pero esta es una historia sumamente interesante, que  será mejor que la dejemos para más adelante... 

1846. Vilanova del Grau de València .
Xilografía. Biblioteca Serrano Morales.

Ahora callejero, aguanta un poquito más, pues prácticamente ya hemos llegado al final. ¡Gracias a Santa María!

Vilanova del Grau, como asentamiento medieval, tuvo su templo y éste a perdurado en el tiempo, llegando a nosotros la iglesia de Santa María del Mar . 

Santa María del Mar.
Fotografía Isabel Balensiya. 
En ella se venera la imagen del Cristo del Grao, que según cuenta la tradición llegó por mar en el siglo XV. Es un templo muy pequeño y sumamente coqueto en decoración. En el altar mayor se encuentra una imagen de la Virgen del Carmen. La planta consta de una sola nave, con capillas laterales y un pequeño crucero cubierto con una cúpula de teja azul, dotado también de un campanario con impresionantes campanas de muy bello sonido.  


Tranvía pasando a la altura de Santa María del Mar.
Hacia 1900.
Estamos ya algo cansados para adentrarnos en el templo, pero el próximo día exploraremos juntos cada uno de sus rincones, ¡incluso subiéremos al campanario !

Junto a la iglesia encontramos las Atarazanas Reales, donde se construían los barcos que navegaban en el siglo XV por las aguas del Mediterráneo, pero sé que ahora esa historia no te interesa callejero... noto el cansancio en tu rostro, así que regresemos de la Edad Media a nuestro tranvía.

Tranvías parados junto el Edificio del Reloj.  Hacia 1900.

Finalmente, El Imperial nos deja en la puerta del Edificio del Reloj, que se construyó en 1910, a raíz del Plan General de Obras del Ensanche y Modernización del Puerto. Diseñado por el ingeniero Federico G. de Membrillera, se proyectó  como un edificio de viviendas para la burguesía valenciana, en un estilo ecléctico y academicistas con influencia de la arquitectura francesa de la época. Es un elegante edificio sobrio y clásico, considerado un símbolo del modernismo valenciano. Está distribuido en una planta baja y dos pisos, la última abuhardillada, con cubiertas de pizarra negra, como el chapitel de la torre que ostenta el grandioso reloj que da nombre al edificio. 

El Edificio del Reloj, 1914. 
Ahora, avanzamos en el tiempo, a la época de  conflictos bélicos de la Guerra Civil, cuando una bomba cayó en el Puerto y destrozó el edificio. 

Explosión de una bomba sobre el Puerto de Valencia (1936)

Destrozo de la Guerra Civil, prácticamente una ruina. 

Fue en esta época cuando el Camino Viejo del Grao cambió la denominación a Avenida de Lenín (Septiembre de 1936), Avenida del Puerto (1939), Avenida del Doncel Luis Felipe García (octubre de 1939) y finalmente acabada la Guerra Civil, se llamó de nuevo Avenida del Puerto. 

Edificio del Reloj, reconstruido e inundado en la Riada del 57. 

Edificio del Reloj con la Avenida del Puerto al fondo, en la actualidad.
Fotografía: Isabel Balensiya.

Esta avenida que hemos recorrido es la más larga de Valencia, con un total de 2,750 km de longitud, una anchura de 25 metros y dotada de aceras de 3 metros, y discurre desde la plaza de Zaragoza hasta la Avenida del Ingeniero Manuel de Soto, donde se encuentra el Edificio del Reloj.

Durante toda su travesía, tan solo es cruzada por dos avenidas y una calle  que la atraviesan en perpendicular: la avenida del Cardenal Benlloch, la avenida del Doctor Manuel Candela y la calle de la Serrería – Menorca, lo que le confiere gran fluidez, pasando con el tiempo de un carácter industrial a residencial.

Avenida del Puerto.
Fotografía: Googlemaps.


Ahora ya, por fin demos los últimos pasos hacía la Escalera Real. Se trata de una construcción rudimentaria a base de sillares de piedra que servía para desembarcar los 
 los viajeros que venían en barco a la ciudad de Valencia. Está fechada a finales del siglo XVII y realizada con sillares de piedra de las canteras de El Puig. Un proyecto del arquitecto Tomas Güelda, para mejorar las instalaciones portuarias.

Las Escaleras Reales. 

Misma perspectiva en la actualidad.
Fotografía Isabel Balensiya. 
La categoría de “real” se debe a que sus peldaños fueron pisados por María Cristina de Borbón, un 17 de octubre de 1840, cuando se exilió a Marsella, al ceder, en la ciudad de Valencia, la regencia que había estado ejerciendo en nombre de su hija Isabel II al duque de Morella.


La Escalera Real quedó sepultada bajo el asfalto durante la construcción de la nueva Estación Marítima de Trasmediterránea, que se inauguró el 12 de marzo de 1984. Hoy en día se están realizando excavaciones y catas para averiguar lo que queda de ella, y evaluar si es plausible sacarla de nuevo a la luz. 

¡Ya estamos en el mar.! 1971
Finalmente nuestros pies llegaron al Mar.
Fotografía Isabel Balensiya.  

Callejero, aquí acaba nuestra andadura, este es el final del Camino del Mar, quizás te apetezca pasear por el puerto, o adentrarte en Santa María del mar, pero si lo que quieres es descanar, te recomiendo que  viajes atrás en el tiempo, a principios de 1900, para poder ir al edificio que se encuentra enfrente de la iglesia, se trata del Gran Hotel del Puerto. 


                                     


Llegó la despedida. Mientras tú paseas o descansas, yo vuelvo a Valencia para hacer los exámenes finales, en cuanto los acabe, regresaré de nuevo al Puerto, para seguir juntos nuestra andadura.

Ahora, sueña con el puerto....


FIN 

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¿Recuerdas la fotografía que hicimos al principio de la Calle del Mar  ?

¡Comenzamos el Camino del Mar !

Pues tan solo hemos recorrido, 4 kilómetros con 400 metros. Aproximadamente una hora y media.
¿Os animáis a recorrer este Camino del Mar

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