sábado, 25 de noviembre de 2017

Catalina, la novia del Miguel (Campanarios de Valencia#4)


Exquisita orfebrería petra de la torre de "los plateros"
Fotografía: Isabel Balensiya. 


CIUTAT VELLA
La Seu

Callejero, estamos a 25 de noviembre, a un mes de Navidad, hoy se celebra Santa Catalina, y por esta onomástica quiero contarte la historia de otro campanario de la ciudad de Valencia, el de Santa Catalina.

Como bien sabemos, Santa Catalina fue una de las doce parroquias jauminas, que se crearon tras la reconquista en 1238 por Jaume I. Parroquia que fue construida sobre el solar de una antigua mezquita, y con el tiempo el templo gótico sufrió las consecuentes y estéticas reformas de la moda barroca, creando un nuevo campanario, que junto con El Miguelete, son las torres insignia de la ciudad de Valencia.
La primera piedra de esta nueva torre de campanas fue colocada el 5 de octubre de 1688, acabándose de erigir en 1705, y para que quedara constancia de ello, se colocó una lápida conmemorativa que en latín reza:
<< Este suntuoso campanario, a que felizmente se dio principio el año 1688 merced a la munificencia de los feligreses, en el presente año de 1705, cooperando tods, llevólo a cabo y con toda perfección Juan Bautista Viñes. >>

Según cuentan las crónicas, su primer arquitecto fue Valero Viñes, a quien le sobrevino la muerte en 1693, tomando así el mando de las obras su hermano Juan Bautista Viñes, quien fue el precursor de las formas barrocas en nuestra ciudad, que había sido discípulo del gran arquitecto Juan Bautista Pérez Castiel, quien le enseñó la moda del siglo XVII en la construcción.

La presente torre es uno de los campanarios barrocos más bellos  que existen en Valencia, de una belleza sublime e insuperable.
Se trata de una planta hexagonal, de cinco cuerpos coronados por un templete. Los pisos o cuerpos se pueden percibir desde el exterior por los cordones de piedra que rodean la torre. Las ventanas son abocinadas delicadamente barrocas, que permiten la iluminación del interior de la escalera. Escalera que según cuenta la leyenda urbana, no fue pedida en el contrato, y por lo tanto el arquitecto Viñes no construyó, y que habiéndose dado cuenta de este gran fallo arquitectónico, diseño una elegante y cómoda escalera de caracol.


La olvidada escalera. Fotografía: Isabel Balensiya. 


Vista al Miguelete, desde Sta. Catalina.Fotografía: Isabel Balensiya. 
Al igual que su novio El Miguelete, la torre de Santa Catalina, está profusamente adornada en la zona del cuerpo de campanas, con una serie de columnas salomónicas, con guirnaldas, enmarcando el vano, o portal rematado con un arco de medio punto.


Finalmente en el remate del campanario,  la terraza fue rodeada por una balaustrada de piedra, y para darle más altura a la torre (56 metros) se construyó un templete de doble altura, cubriéndolo todo con una cúpula con escamas petras, sobre ella el orbe mundi, y una veleta con la iconografía de la santa mártir y la cruz.
Una hermosa torre que costó a la ciudad de Valencia un precio de 10.000 ducados. Tanta importancia tuvo la presencia de dicha torre, que al final del siglo XIX, al abrirse la Calle de la  Paz, orientaron la vía para que al final de ella se alzara la vista de esta hermosa construcción. 
  

Una vez acabada, la bella Catalina necesitaba una voz, y esta vino con acento anglosajón, puesto que las campanas que sonarían en ella fueron de manufactura inglesa. Fue en el año 1729 cuando la entonces parroquia pensó que era insuficiente con las dos antiguas campanas de la torre medieval. Ahora necesitaban dotar de más voz a la novia de El Micalet. Para ello contactaron con un fundidor londinense, Richard Phelps, que fundió 6 hermosas campanas de gran calidad, acorde a la magnificencia de nuestra torre.

Campanas que los valencianos barrocos llamaron Luteranas, por su procedencia inglesa, las cuales llegaron en barco desde Londres hasta el puerto de Valencia, de ahí subieron por el navegable Túria de la época, hasta el puente del Real, donde colocadas en carros  profusamente adornados con guirnaldas, cintas de seda y murta, este hecho fue la expectación del año en Valencia. 
La mayor de esas campanas, fue la dedicada a la santa titular Catalina. Dicha campana con un peso de 1750 kilos, sufrió la desgracia de ser desprestigiada con el apodo de La Charra, por su parecido a una tinaja invertida. Tenía grabado sobre su broncínea superficie la inscripción de Ricardus Phelps Londini me fecit, como apuntó el cronista Tomás Güell.
La Catalina y sus cinco hermanas tuvieron un triste final, ya que fueron destruidas en 1915, cuando fue llevada a la parroquia de San Agustín, donde fue refundida para dotar de nuevas campanas a la torre neogótica, creando tres campanas nuevas y de tamaño menor.
Mientras que el resto de las “luteranas” fueron también refundidas para dotar de bronces a San Agustín y San Martín, en 1936.

El Eloy y al fondo la Asunción, 207 y 119 kgs.Fotografía: Isabel Balensiya. 

A días de hoy cuando existe la conciencia histórica y la importancia patrimonial, debido a la relevancia que tuvo esta gran campana Catalina, la mal llamada “Charra”, se ha pensado rehacer una réplica de dicha campana. Una idea surgida de una asociación de campaneros valencianos, junto con el sacerdote de Santa Catalina Martír. Un gran proyecto histórico cuyo presupuesto asciende a  60.000 € entre la fundición del bronce y la creación de su correspondiente yugo y errajes.

Por eso para hacer realidad el sueño de la antigua parroquia jaumina de contar con una gran campana, se pide a los valencianos que quieran colaborar con la gran labor de aumentarle la voz a la bella Catalina, ya sea a título personal, como de importantes fundaciones o asociaciones, que ayuden a financiar la campana y que La Charra vuelva a nacer de nuevo y que su sonido despierte todas las mañanas a los valencianos, devolviendo a la ciudad parte de su pasado sublime y barroco. 

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